Estos días me ha resultado particularmente difícil concentrarme en escribir cualquier cosa relacionada con el trabajo. Fatal.
Sí, ando especialmente distraída. Y dispersa como nunca. Lo cual es mucho decir. Mucho.
Así que para inspirarme un poco y en cumplimiento a una promesa especial fui a la sesión fotográfica de la banda a la que se refiere una de mis notas. Ahí, después de las fotos, me senté a charlar un poco con El Vocalista, que preocupado me contó de algunos malos entendidos que había habido entre sus managers (la de la banda y el de la disquera, que pa' variar no se ponen de acuerdo). Total, que me pidió (muy amablemente, eso sí, y algo apenado) que en adelante, le informara a la manager de la banda sobre cualquier cosa que quisiéramos hacer con ellos. Yo, entre machina, ligadora y sin pensarlo mucho, le solté con una sonrisa ladeada: "Está bien, entonces, ya no te hablaré más si no quieres". Entonces él levantó la mirada de su agenda, y la clavó fijo en mis ojos y desafiante me dijo, casi ordenó: "No, sí hablame. Yo sí quiero que me llames pero para otras cosas. Es sólo lo de la banda lo que te pido que trates con ella." Con el mismo aplomo volvió la atención a su agenda y me dio el número de la mujer en cuestión. Yo me limité a sonreír discretamente mientras decía "Okei". Acto seguido nos invitó (a mí y a la Niña Fotógrafa) a verlos tocar... nos quedamos un rato. El suficiente para ver por ahí a una chica que lo rondaba y que parecía algo más que una grupie. No vi nada claro; con tal de no parecer obvia no miré nunca directamente hacia donde estaban... así que queda eso en incertidumbre. Y por largo rato porque al despedirnos me dijo con esa mirada fija fijísima cuya capacidad de perturbarme ya tiene re clara: "Gracias por todo, nosotros nos vamos de gira en junio, dos meses, entonces hasta agosto nos veremos. Si no me llamas porque te ofendiste, te llamo yo," y sonrió como yo: de ladito. Le sostuve la mirada, le devolví la sonrisa y repetí un despreocupado "okei" que pretendía ser interesante, pero que seguramente quedó mamón. Pausa larga, pues. Esperaré a ver si llama, aunque lo dudo. Eso de parecer interesante nunca me sale, siempre quedo como mamona.
como en un flash, nadie nos mira alrededor — una red en común conspiraba en la oscuridad — sigilosa señal la que nadie debe anotar — nos dejamos arrastrar corriente abajo hasta que el ruido nos tapó y le dije — yo te quiero conocer igual —
no nos mira nadie despejemos el lugar — sólo tú y yo
(Babasónicos)
De ahí me fui con la Niña Fotógrafa a una reunión de ídems. He de confesar que me dio un poco de hueva el ambiente pretenciosillo, pero salieron un par de cosas útiles: información extraoficial valiosa para nuestra revista y algún contacto del que se pueda echar mano en un futuro.
Odio llegar a mi casa los viernes y los sábados en la noche. Hay un tráfico de terror. Inconcebible: entre las 22 y las 3 hrs. me puedo tardar hasta 40 minutos en avanzar el tramo de los últimos 3 km. antes de llegar a mi casa. Es una mentada de madre. Uno ya viene durmiéndose y se tiene que soplar ese cacho a vuelta de rueda, rodeada de chavitos fresas impacientes por reventar en los antros de moda que rodean mi dulce y apacible hogar. Así las cosas, la estrategia esos días deberá consistir en llegar a las 22 hrs y no salir más, o bien en salir con harta pila para llegar después de las 3 y media. Eso sí es una monserga.
Hoy fui ya por el mueble de la compu a la Fábrica de Pasteles, es decir, a la casa de mi Roomie Consentida, o sea, a mi ex hogar. Así que ya lo traje e instalé en el estudio y acomodé todo para tener mi espacio de trabajo un poco más en orden... con la idea de que esto ayudaría concentrarme mejor... A ver.
La sala sigue en casa del Sapo Vengador, que en medio de muchas ocupaciones y compromisos sociales no me ha dado fecha para ir a recogerla. Así que seguimos en espera de un pronto avance en ese asunto.
Sunday, April 23, 2006
Tuesday, April 18, 2006
Informe de vacación
Ok, sobre las puertas: nada, misión no cumplida. (Ya lo había vaticinado el Editor de los Ojos Bonitos: no sería tarea tan fácil como yo lo imaginaba). Tons mejor lo que haremos es conseguir a un profesional de la pintura de puertas que por una módica cantidad nos eche la mano en la labor del cambio de look casero. Pronto, con la salvedad de que hay que esperar a principios de mayo por cuestiones monetarias.
Sobre la elíptica: misión cumplida. Ya hasta empezó el programa de acondicionamiento... ¡Yeeeeah!
Sobre la sala: sólo ha habido un retraso debido a que la vendedora andaba de vaga, pero ahora que ha vuelto sólo es cuestión de acordar cuándo vamos por ella. No pasa de esta semana.
Sobre comer sanito: pues si, más o menos. Exceptuando unos deliciosos chilaquiles que me preparé para consentirme el domingo santoooo, porque era día santo y esos días —como siempre, pero más— uno debe permitirse el disfrute (contrario a lo expuesto por señorita, si, señorita por favor, aunque le cueste más trabajo, por la Señorita Iglesia Católica y Apostólica, que no siempre tiene la razón). Jah, pues eso: nomás por rebeldota ese día comí suculentos chilaquiles y el día anterior una hamburguesa (si si, de carne carne carneee). Pero que conste que rompí la dieta por una cuestión meramente ideológica.
En mi descargo, les informo que puse un clóset. De esos de Ármelo Usted Misma (De Preferencia Con Ayuda De Su Supercú (ñado) Pa Que No Se Tarde Tanto). Yo, como siempre leo las instrucciones, pues les hice caso y tons entre Supercú y yo lo pusimos en apenas un par de horas... bueno un poco más... tal vez el doble. Pero quedó re bien. Así que ahora el estudio va tomando más forma.
Y en esto de los canjes de propósitos, ahí va mi propuesta: cambio el de la sala que se ha visto inevitablemente postergado, por ir a recoger un mueble para la compu al honorable ex hogar, la Fábrica de Pasteles. Eso será el jueves. Este jueves.
Bueno, habiéndo reportado ya sobre mi lista de propósitos, me voy, dejando sólo pendiente el up date de Sala y Puertas.
Sobre la elíptica: misión cumplida. Ya hasta empezó el programa de acondicionamiento... ¡Yeeeeah!
Sobre la sala: sólo ha habido un retraso debido a que la vendedora andaba de vaga, pero ahora que ha vuelto sólo es cuestión de acordar cuándo vamos por ella. No pasa de esta semana.
Sobre comer sanito: pues si, más o menos. Exceptuando unos deliciosos chilaquiles que me preparé para consentirme el domingo santoooo, porque era día santo y esos días —como siempre, pero más— uno debe permitirse el disfrute (contrario a lo expuesto por señorita, si, señorita por favor, aunque le cueste más trabajo, por la Señorita Iglesia Católica y Apostólica, que no siempre tiene la razón). Jah, pues eso: nomás por rebeldota ese día comí suculentos chilaquiles y el día anterior una hamburguesa (si si, de carne carne carneee). Pero que conste que rompí la dieta por una cuestión meramente ideológica.
En mi descargo, les informo que puse un clóset. De esos de Ármelo Usted Misma (De Preferencia Con Ayuda De Su Supercú (ñado) Pa Que No Se Tarde Tanto). Yo, como siempre leo las instrucciones, pues les hice caso y tons entre Supercú y yo lo pusimos en apenas un par de horas... bueno un poco más... tal vez el doble. Pero quedó re bien. Así que ahora el estudio va tomando más forma.
Y en esto de los canjes de propósitos, ahí va mi propuesta: cambio el de la sala que se ha visto inevitablemente postergado, por ir a recoger un mueble para la compu al honorable ex hogar, la Fábrica de Pasteles. Eso será el jueves. Este jueves.
Bueno, habiéndo reportado ya sobre mi lista de propósitos, me voy, dejando sólo pendiente el up date de Sala y Puertas.
Saturday, April 15, 2006
Susurros al oído, audífonos mediante...
El primer acoplado que recibí fue de la que fuera una de mis mejores amigas (aquélla que he perdido recientemente y a quien se refiere el post “Qué cosa fea que es el rencor, eh?”), La Amiga Perdida. Éramos unas adolescentes de 14 años en busca de nuestras primeras ilusiones en el terreno sentimental. Compartíamos más bien los primeros y más ligeros desengaños y desencuentros embuídas en el limitado ambiente de nuestra escuela fresa y nuestros, of course, ñoñísimos prospectos. Nos cortábamos las venas con galletas de animalitos escuchando un cassette que ella me grabó y que incluía a Cher cantando If I Could Turn Back Time, el cursi It Must Have Been Love de Roxette, King of Wishful Thinking de R.E.M., Every Breath You Take y Don’t Stand So Close To Me de The Police, al tiempo que nos ganaba la risa intentando llorar sin lograrlo. Ja.
Luego, a los 16, me fui a pasar el verano con la familia putativa en Madrid. Regresé con la experiencia de haber fumado mis primeros toques de hash, de mis primeras (divertidísimas) guarapetas, con dos álbumes de fotos, el primer lugar del torneo de tiro de dardos de La Fundadora (nuestro bar consentido), un montón de LP’s, 10 kilos de más y 4 acoplados (en cassette, claro está) que mi prima me grabó y que pretendían ser el soundtrack de ese viaje; incluían a Radio Futura, Nacha Pop, Duncan Dhu, Tam Tam Go, Greta y los Garbo, Juan Luis Guerra… y tanto más.
No fue sino hasta que empezaban los cortejos de El Novio Prohibido (por ahí de mis dulces 20) que fui objeto de otro de esos regalos que tanto significado tienen para mi. Se llamaba “¿A cómo el kilo de abulón?” y era una velada declaración de amor. Bueno, no muy velada… pero convenía no darse muy por enterada de las verdaderas intenciones de este rockero insolente y cínico, porque (obviooo) ¡tenía novia! Así que cuando lo escuchaba me limitaba a dejarme sentir maripositas en el estómago imaginando que todo lo que decían esas canciones me lo susurraba él al oído, y luego, por supuesto, negaba todas esas sensaciones e ilusiones al terminar de oír aquel rockcito al que no estaba acostumbrada y no entendía. Y que sólo me gustaba porque me lo regalaba él: Todavía una canción de amor y Aquí no podemos hacerlo, de Los Rodríguez, Quiero tener tu presencia de Seguridad Social, 3 am de Charly García, alguna de Sergio Arau cuyo nombre no recuerdo…
En mi relación con El Novio Prohibido, los acoplados se convirtieron en un código de comunicación. Recuerdo con especial cariño uno que me regaló, dolido, cuando le conté que me iba el verano a hacer mi servicio social a Zipolite. Se llamaba “Pa’ espantar a los alacranes”, era reggaesoso, riquito y sentido. Traía Santería (Sublime), So lonely (The Police, again), Wish You Were Here (en una versión imposible de Seguridad Social), Hace calor (Los Rodríguez), No Woman No Cry (‘Bobby’ Marley) y otras tantas.
Me acuerdo con especial dolor del que me dio cuando terminamos y yo empecé a andar con el El Artista, con el que después me casaría. Se llamaba “Pa’cordarme que te tengo que olvidar”, y no lo pude oir en mucho tiempo.
Agradezco con el alma el “Pa’l homesick” que me dio la primera vez que terminé con El Artista y corrí a llorar mis penas al otro lado del charco sin querer pensar mucho en volver. Con Jane’s Addiction cantando Jane Says, The Pixies cuestionándome Where is My Mind? y Cake recordándome “I say I want you but you don’t believe me, you say you want me but I’ve got my doubts…” y mis amores en Mexico (léase Mécsico).
Y está el último, "Muy Mamón Vol. I" (¿irá a haber más volúmenes?) un acoplado liberador y lindo que me trae a la mente los buenos momentos del reencuentro que tuvimos tras mi divorcio y en el que nos dejamos llevar algunos meses por la romántica idea de que éramos tal para cual y si el destino nos había vuelto a reunir era porque lo nuestro estaba en verdad Muy Mamón, ¿qué tal?
El Artista también me dio alguno en una ocasión específica. Después del truene que me hizo huir lejos. Es un acoplado de arrepentimiento, de “toqué-fondo-pero-me-di-cuenta-de-que-te-amo”.
Y las invitaciones de nuestra boda, que eran un poster como de película, incluían un CD con el soundtrack de la peli (o sea, el soundtrack de nuestra historia, que por angas o mangas no había sido muy planita). Incluía a Dead Can Dance, Nacha Pop, Tontxu, Clara Montes, Henry Mancini, Radiohead, Soda Stereo… A mi me gustaba. Y todo quería decir algo. Siempre. Y él o yo podíamos cantar completas cada una de esas canciones sintiéndolas en las tripas, cada estrofa, cada palabra.
Recientemente me han regalado un par de acoplados. Un par de amigos. Y sé que no pretenden ser más que una selección de buena música, porque saben que me gusta y, como buenos amigos que son, me la comparten. Me gusta, mucho... y lo agradezco más.
Pero al final todo esto viene a cuento porque extraño eso de escuchar mensajes en susurro al oído, audífono mediante… Mensajes que escribió otro pero que al oírlos, alguien que me conoce o que conoce su curiosidad por conocerme, pensó que son para mí y los recopiló para hacérmelos saber.
Aunque, y aquí viene la contradicción mariana, no sé bien a bien cómo tomaría hoy en día uno de esos compilados de secretos entre dos, seguramente con miedo, harto miedo y entonces pienso: no no, mejor ni lo pensemos... (¿qué se le va a hacer? una se queda siscada).
Anyway, sometimes I miss that so much.
Luego, a los 16, me fui a pasar el verano con la familia putativa en Madrid. Regresé con la experiencia de haber fumado mis primeros toques de hash, de mis primeras (divertidísimas) guarapetas, con dos álbumes de fotos, el primer lugar del torneo de tiro de dardos de La Fundadora (nuestro bar consentido), un montón de LP’s, 10 kilos de más y 4 acoplados (en cassette, claro está) que mi prima me grabó y que pretendían ser el soundtrack de ese viaje; incluían a Radio Futura, Nacha Pop, Duncan Dhu, Tam Tam Go, Greta y los Garbo, Juan Luis Guerra… y tanto más.
No fue sino hasta que empezaban los cortejos de El Novio Prohibido (por ahí de mis dulces 20) que fui objeto de otro de esos regalos que tanto significado tienen para mi. Se llamaba “¿A cómo el kilo de abulón?” y era una velada declaración de amor. Bueno, no muy velada… pero convenía no darse muy por enterada de las verdaderas intenciones de este rockero insolente y cínico, porque (obviooo) ¡tenía novia! Así que cuando lo escuchaba me limitaba a dejarme sentir maripositas en el estómago imaginando que todo lo que decían esas canciones me lo susurraba él al oído, y luego, por supuesto, negaba todas esas sensaciones e ilusiones al terminar de oír aquel rockcito al que no estaba acostumbrada y no entendía. Y que sólo me gustaba porque me lo regalaba él: Todavía una canción de amor y Aquí no podemos hacerlo, de Los Rodríguez, Quiero tener tu presencia de Seguridad Social, 3 am de Charly García, alguna de Sergio Arau cuyo nombre no recuerdo…
En mi relación con El Novio Prohibido, los acoplados se convirtieron en un código de comunicación. Recuerdo con especial cariño uno que me regaló, dolido, cuando le conté que me iba el verano a hacer mi servicio social a Zipolite. Se llamaba “Pa’ espantar a los alacranes”, era reggaesoso, riquito y sentido. Traía Santería (Sublime), So lonely (The Police, again), Wish You Were Here (en una versión imposible de Seguridad Social), Hace calor (Los Rodríguez), No Woman No Cry (‘Bobby’ Marley) y otras tantas.
Me acuerdo con especial dolor del que me dio cuando terminamos y yo empecé a andar con el El Artista, con el que después me casaría. Se llamaba “Pa’cordarme que te tengo que olvidar”, y no lo pude oir en mucho tiempo.
Agradezco con el alma el “Pa’l homesick” que me dio la primera vez que terminé con El Artista y corrí a llorar mis penas al otro lado del charco sin querer pensar mucho en volver. Con Jane’s Addiction cantando Jane Says, The Pixies cuestionándome Where is My Mind? y Cake recordándome “I say I want you but you don’t believe me, you say you want me but I’ve got my doubts…” y mis amores en Mexico (léase Mécsico).
Y está el último, "Muy Mamón Vol. I" (¿irá a haber más volúmenes?) un acoplado liberador y lindo que me trae a la mente los buenos momentos del reencuentro que tuvimos tras mi divorcio y en el que nos dejamos llevar algunos meses por la romántica idea de que éramos tal para cual y si el destino nos había vuelto a reunir era porque lo nuestro estaba en verdad Muy Mamón, ¿qué tal?
El Artista también me dio alguno en una ocasión específica. Después del truene que me hizo huir lejos. Es un acoplado de arrepentimiento, de “toqué-fondo-pero-me-di-cuenta-de-que-te-amo”.
Y las invitaciones de nuestra boda, que eran un poster como de película, incluían un CD con el soundtrack de la peli (o sea, el soundtrack de nuestra historia, que por angas o mangas no había sido muy planita). Incluía a Dead Can Dance, Nacha Pop, Tontxu, Clara Montes, Henry Mancini, Radiohead, Soda Stereo… A mi me gustaba. Y todo quería decir algo. Siempre. Y él o yo podíamos cantar completas cada una de esas canciones sintiéndolas en las tripas, cada estrofa, cada palabra.
Recientemente me han regalado un par de acoplados. Un par de amigos. Y sé que no pretenden ser más que una selección de buena música, porque saben que me gusta y, como buenos amigos que son, me la comparten. Me gusta, mucho... y lo agradezco más.
Pero al final todo esto viene a cuento porque extraño eso de escuchar mensajes en susurro al oído, audífono mediante… Mensajes que escribió otro pero que al oírlos, alguien que me conoce o que conoce su curiosidad por conocerme, pensó que son para mí y los recopiló para hacérmelos saber.
Aunque, y aquí viene la contradicción mariana, no sé bien a bien cómo tomaría hoy en día uno de esos compilados de secretos entre dos, seguramente con miedo, harto miedo y entonces pienso: no no, mejor ni lo pensemos... (¿qué se le va a hacer? una se queda siscada).
Anyway, sometimes I miss that so much.
Wednesday, April 12, 2006
Vacación... (Oh, si)
Se ha llegado el momento.
Al fin.
Al más puro estilo del año nuevo, haré una lista de propósitos para estos pocos (si, si, son pocos, la verdad) días de asueto.
Pintar 5 puertas (con sus marcos, claro).
Ir por la elíptica (incluye primer pago, desarmado, carga, transporte, descarga, armado y colocación final).
Ir por la sala, por lo menos por el taburete del enganche, ja (incluye primer pago, carga, transporte, descarga y colocación).
Comer sanito, echando mano del gran super que recién hice para mi casa (igual sirve de dieta).
La Ex Cuñada Consentida insiste en que dedique uno de estos días a ella y su queridísima (de verdad queridísima) familia: me invitan a comer y pasar el día con ellos en Yaute. La propuesta es tentadora en tanto los quiero un montón, los echo de menos otro tanto y son super divertidos. Sin embargo, la sola idea de que pudiera aparecer por ahí El Artista o La Mamá del Artista o de que este encuentro se preste a una mala interpretación de parte de cualquiera de los dos, ha pesado lo suficiente para rechazar, muy a mi pesar, la invitación. Things that make you go: CHALE.
Como diría Miss Louis Vuitton: ni Pedro, Juan...
En fin... para empezar con la honorable vacación nos vamos, ya ya (son las 4 pm. y decimos adiós).
Primero a la gas, de ahí al sams, de ahí al cinito y luego con BuddySoCute y su Amigo Publicista.
Ya pues, porque la Editora Asociada se está poniendo punk.
Ahí les cuento si lo logré.
Al fin.
Al más puro estilo del año nuevo, haré una lista de propósitos para estos pocos (si, si, son pocos, la verdad) días de asueto.
Pintar 5 puertas (con sus marcos, claro).
Ir por la elíptica (incluye primer pago, desarmado, carga, transporte, descarga, armado y colocación final).
Ir por la sala, por lo menos por el taburete del enganche, ja (incluye primer pago, carga, transporte, descarga y colocación).
Comer sanito, echando mano del gran super que recién hice para mi casa (igual sirve de dieta).
La Ex Cuñada Consentida insiste en que dedique uno de estos días a ella y su queridísima (de verdad queridísima) familia: me invitan a comer y pasar el día con ellos en Yaute. La propuesta es tentadora en tanto los quiero un montón, los echo de menos otro tanto y son super divertidos. Sin embargo, la sola idea de que pudiera aparecer por ahí El Artista o La Mamá del Artista o de que este encuentro se preste a una mala interpretación de parte de cualquiera de los dos, ha pesado lo suficiente para rechazar, muy a mi pesar, la invitación. Things that make you go: CHALE.
Como diría Miss Louis Vuitton: ni Pedro, Juan...
En fin... para empezar con la honorable vacación nos vamos, ya ya (son las 4 pm. y decimos adiós).
Primero a la gas, de ahí al sams, de ahí al cinito y luego con BuddySoCute y su Amigo Publicista.
Ya pues, porque la Editora Asociada se está poniendo punk.
Ahí les cuento si lo logré.
Monday, April 10, 2006
¡Que sí! ¡Que lo seeeeé!
A ver, es cierto.
Ya Daria me dijo holgazanita.
Y tiene razón.
Que sí, que lo seeeeé.
Que debería de actualizar este blogcito con más regularidad...
Chale, es sólo que últimamente no he tenido mucha inspiración para escribir.
O tiempo.
O ganas.
O quizá sólo no he encontrado algo realmente importante que decir.
O una forma de decirlo que valga la pena leer (bueno, ese no es pretexto porque tampoco estoy segura de que todo lo que he posteado antes sea meritorio de leerse).
Porque la realidad es que sí han pasado cosas.
Mi Mejor Cómplice salió del hospital y está estable. Lo cual me tiene muy tranquila.
La Rubia Superior ha ido cediendo terreno a la sensatez y ha empezado a hacer a un lado su enojo conmigo. Claro, es un gallo-gallina-pollito-pa'trás... pero algo es algo.
Un sábado acompañé a BuddySoCute! a la boda de su ex (también hermana de uno de sus mejores amigos: family rules). La odisea es larga y tal vez un día me anime a contarla completa. Por ahora sólo diré que llegué a la boda muy fancy, muy fancy, pero completamente afónica. Eso influyó para que yo, como las nuevas: a) a falta de poder interactuar con la concurrencia, me concentrara en beber y b) me solapara con el cuento de que el tequila TENÍA que abrirme la garganta en algún momento. Por supuesto, eso no sucedió. No conforme y ya peda, claro, le pedí al mesero miel con limón. Trajo una taza (favor de dimensionar: una taza) y Buddy tuvo la brillante idea de añadirle mi sexto tequila doble "pa que no te sepa tanto a madres, Dude", dijo cariñosa y consideradamente. Y yo ¿por qué no?, me tomé una taza de miel con limón y tequila.
Fue el acabose.
Lo que siguió no lo puedo contar por dos razones: la primera, no me acuerdo de casi nada: tengo un black out de 5 horas; la segunda, lo poco que recuerdo me da una vergüenza tan infinita como la risa que le da a mi querido amigo cuando hace algo de memoria. Ahora me río, si. Pero en el momento (y los días posteriores) me sentí muy MUY mal.
Luego vino el tour futbolístico que me sentó tan bien como les conté en el post anterior.
En los últimos 15 días me ha pasado dos veces no poder entrar a mi casa a alguna hora de la madrugada y tener que pedir compasiva morada: una noche a mi querida Daria, otra (bailando un jarabe tapatío encima de mi orgullo) a Papá Doctor y La Rubia Superior: "Oooooohquelachinitaaa", habrán pensado, "¿no que ya no nos ibas a pedir nada nuncaaaa?" Aunque ahora que lo pienso es más probable que hayan dicho para sus adentros "¿no que no tronabas, Pistolita?" Como sea, el punto es que con esto me cayó el veinte de que esas son trabas subconscientes que quieren decir más que el simple hecho de haber olvidado o perdido las llaves: no me gusta llegar a mi casa... y es que claro no la tengo acogedora aún como quisiera.
Por eso hoy acordé con el honorable Sapo Vengador comprarle su bonita sala roja. Es el primer paso para ir haciendo crecer mi espacio. El que sigue: pintar puertas el fin de semana.
El jueves en la exposición de fotos del gran Zuki tuve a bien encontrarme a mi Amiga Cineasta después de varios años de no vernos; y sólo dos días después la topé de nuevo en Bellas Artes. Siempre un gusto. A ver si esta vez sí somos capaces de continuar el contacto.
Hoy por la tarde fui con el Editor de los Ojos Bonitos a comprarle un pastel al Adorable Editor Adjunto, cuyo cumpleaños fue el viernes y dejamos pasar sin mucho barullo por estar en cierre. Así que hoy, que también estamos en cierre, pero con culpa, nos pusimos a mano.
En premio del destino me regalaron un clicker de Axe para contabilizar a todos los que me miren con ojos pispiretos o sonrisa seductora... Jaaaaaah.
Sí, todo esto ha pasado en los últimos días (y más que no me viene a la mente justo ahora)... y yo sin querer escribir, chingao.
Ya Daria me dijo holgazanita.
Y tiene razón.
Que sí, que lo seeeeé.
Que debería de actualizar este blogcito con más regularidad...
Chale, es sólo que últimamente no he tenido mucha inspiración para escribir.
O tiempo.
O ganas.
O quizá sólo no he encontrado algo realmente importante que decir.
O una forma de decirlo que valga la pena leer (bueno, ese no es pretexto porque tampoco estoy segura de que todo lo que he posteado antes sea meritorio de leerse).
Porque la realidad es que sí han pasado cosas.
Mi Mejor Cómplice salió del hospital y está estable. Lo cual me tiene muy tranquila.
La Rubia Superior ha ido cediendo terreno a la sensatez y ha empezado a hacer a un lado su enojo conmigo. Claro, es un gallo-gallina-pollito-pa'trás... pero algo es algo.
Un sábado acompañé a BuddySoCute! a la boda de su ex (también hermana de uno de sus mejores amigos: family rules). La odisea es larga y tal vez un día me anime a contarla completa. Por ahora sólo diré que llegué a la boda muy fancy, muy fancy, pero completamente afónica. Eso influyó para que yo, como las nuevas: a) a falta de poder interactuar con la concurrencia, me concentrara en beber y b) me solapara con el cuento de que el tequila TENÍA que abrirme la garganta en algún momento. Por supuesto, eso no sucedió. No conforme y ya peda, claro, le pedí al mesero miel con limón. Trajo una taza (favor de dimensionar: una taza) y Buddy tuvo la brillante idea de añadirle mi sexto tequila doble "pa que no te sepa tanto a madres, Dude", dijo cariñosa y consideradamente. Y yo ¿por qué no?, me tomé una taza de miel con limón y tequila.
Fue el acabose.
Lo que siguió no lo puedo contar por dos razones: la primera, no me acuerdo de casi nada: tengo un black out de 5 horas; la segunda, lo poco que recuerdo me da una vergüenza tan infinita como la risa que le da a mi querido amigo cuando hace algo de memoria. Ahora me río, si. Pero en el momento (y los días posteriores) me sentí muy MUY mal.
Luego vino el tour futbolístico que me sentó tan bien como les conté en el post anterior.
En los últimos 15 días me ha pasado dos veces no poder entrar a mi casa a alguna hora de la madrugada y tener que pedir compasiva morada: una noche a mi querida Daria, otra (bailando un jarabe tapatío encima de mi orgullo) a Papá Doctor y La Rubia Superior: "Oooooohquelachinitaaa", habrán pensado, "¿no que ya no nos ibas a pedir nada nuncaaaa?" Aunque ahora que lo pienso es más probable que hayan dicho para sus adentros "¿no que no tronabas, Pistolita?" Como sea, el punto es que con esto me cayó el veinte de que esas son trabas subconscientes que quieren decir más que el simple hecho de haber olvidado o perdido las llaves: no me gusta llegar a mi casa... y es que claro no la tengo acogedora aún como quisiera.
Por eso hoy acordé con el honorable Sapo Vengador comprarle su bonita sala roja. Es el primer paso para ir haciendo crecer mi espacio. El que sigue: pintar puertas el fin de semana.
El jueves en la exposición de fotos del gran Zuki tuve a bien encontrarme a mi Amiga Cineasta después de varios años de no vernos; y sólo dos días después la topé de nuevo en Bellas Artes. Siempre un gusto. A ver si esta vez sí somos capaces de continuar el contacto.
Hoy por la tarde fui con el Editor de los Ojos Bonitos a comprarle un pastel al Adorable Editor Adjunto, cuyo cumpleaños fue el viernes y dejamos pasar sin mucho barullo por estar en cierre. Así que hoy, que también estamos en cierre, pero con culpa, nos pusimos a mano.
En premio del destino me regalaron un clicker de Axe para contabilizar a todos los que me miren con ojos pispiretos o sonrisa seductora... Jaaaaaah.
Sí, todo esto ha pasado en los últimos días (y más que no me viene a la mente justo ahora)... y yo sin querer escribir, chingao.
Monday, April 03, 2006
Friday's Sunset Reset
Contrario a lo que pudiera esperarse de un viaje en el que había que cubrir 3 destinos en 24 horas, no hubo tensiones ni presión. Fue relajado y fluyó riquito.
El Editor de los Ojos Bonitos se apoderó del volante y no lo soltó, lo cual para mí fue buenísimo. Siempre me han relajado los paisajes de carretera. Así que entre valles y montes, sorteando lagunas y llanos, se nos fueron las horas de carretera en hablar de todo un poco y en cantar alguna que otra rolita (lo que mejor le sale al susodicho editor son las cumbias cachondonas ¡qué cossssa!) Jaaaah, fue muy divertido.
Tras cumplir con las primeras dos terceras partes de la misión (futbolista en Irapuato y futbolista en León), nos dimos una vueltecilla por la plaza de San Juan de Dios, famosa por sus nieves, a ver si éstas de veras ameritaban. Y... oooh sí.
A la noche decidimos ir a tomar una cerveza (o dos, pues), condición absoluta para la platiquita a gusto. Recorrimos "la ciudad" completa... y sólo dimos con un lugarcete. Curioso, pero feo sin lugar a discusión. La concurrencia era en su mayoría de varones del tipo mmmm, digamos... rupestre. De esos que se juntan en grupos que primero ven feo a la descastada que a esas horas anda en un lugar de "esos". Ya luego la ven con ganas.
Con chelita en mano y desafiando el escándalo inmisericorde del lugar, empezó la platiquita a gusto, anécdotas varias, algunos detalles del pasado y el intercambio de información extraoficial (vil cotilleo) sobre algún tema irrelevante y divertido. No diré lo que sé, jaaaaaaah, sólo que me reí mucho.
Al día siguiente, partimos temprano rumbo a Morelia, en pos de otro futbolista, para cuya sesión hubo que esperar el segundo medio tiempo de un partido. Esto hubiera sido un suplicio para mí de no ser porque El Editor de los Ojos Bonitos, gran aficionado al futbol, se esmeró en explicarme las minucias de este deporte así, en acción. Interesante. No puedo decir aún que me gusta el futbol, pero sí lo vi con otros ojos. Ta bueno como introducción al mundial, a ver si esta vez lo disfruto más.
Luego a comer corundas y prepararnos para tomar carretera de vuelta al DF. Así. Ni chance de buscar llaveritos me dio.
Con todo y en honor a la verdad, he de decir que es un gusto viajar con este hombre, por lo menos en viajes cortos y de trabajo. Trae muy buena onda (además de buena música), es alegre, atento, tiene siempre buena disposición y no se conflictúa.
Eso le decía mientras veíamos por los retrovisores el atardecer del viernes, que sirvió para darle el "reset" final a mi mente.
Y vaya que funcionó.
El Editor de los Ojos Bonitos se apoderó del volante y no lo soltó, lo cual para mí fue buenísimo. Siempre me han relajado los paisajes de carretera. Así que entre valles y montes, sorteando lagunas y llanos, se nos fueron las horas de carretera en hablar de todo un poco y en cantar alguna que otra rolita (lo que mejor le sale al susodicho editor son las cumbias cachondonas ¡qué cossssa!) Jaaaah, fue muy divertido. Tras cumplir con las primeras dos terceras partes de la misión (futbolista en Irapuato y futbolista en León), nos dimos una vueltecilla por la plaza de San Juan de Dios, famosa por sus nieves, a ver si éstas de veras ameritaban. Y... oooh sí.
A la noche decidimos ir a tomar una cerveza (o dos, pues), condición absoluta para la platiquita a gusto. Recorrimos "la ciudad" completa... y sólo dimos con un lugarcete. Curioso, pero feo sin lugar a discusión. La concurrencia era en su mayoría de varones del tipo mmmm, digamos... rupestre. De esos que se juntan en grupos que primero ven feo a la descastada que a esas horas anda en un lugar de "esos". Ya luego la ven con ganas.
Con chelita en mano y desafiando el escándalo inmisericorde del lugar, empezó la platiquita a gusto, anécdotas varias, algunos detalles del pasado y el intercambio de información extraoficial (vil cotilleo) sobre algún tema irrelevante y divertido. No diré lo que sé, jaaaaaaah, sólo que me reí mucho. Al día siguiente, partimos temprano rumbo a Morelia, en pos de otro futbolista, para cuya sesión hubo que esperar el segundo medio tiempo de un partido. Esto hubiera sido un suplicio para mí de no ser porque El Editor de los Ojos Bonitos, gran aficionado al futbol, se esmeró en explicarme las minucias de este deporte así, en acción. Interesante. No puedo decir aún que me gusta el futbol, pero sí lo vi con otros ojos. Ta bueno como introducción al mundial, a ver si esta vez lo disfruto más.
Luego a comer corundas y prepararnos para tomar carretera de vuelta al DF. Así. Ni chance de buscar llaveritos me dio.
Con todo y en honor a la verdad, he de decir que es un gusto viajar con este hombre, por lo menos en viajes cortos y de trabajo. Trae muy buena onda (además de buena música), es alegre, atento, tiene siempre buena disposición y no se conflictúa. Eso le decía mientras veíamos por los retrovisores el atardecer del viernes, que sirvió para darle el "reset" final a mi mente.
Y vaya que funcionó.
Wednesday, March 29, 2006
A poner la mente en blanco
Hoy, a tres años de distancia, volví a ver a la Ex Cuñada Consentida, hecha toda una ejecutiva de las relaciones públicas. Me dio gusto, mucho. En realidad ella lleva algunos meses insistiendo en un encuentro al que yo, para ser sincera, no he hecho más que sacarle la vuelta. Hoy fue ideal, puesto que el encuentro se dio en un marco hasta cierto punto laboral. Sin embargo, al final ella insistió: "tenemos un cafecillo pendiente... te extraño y quiero platicar largo contigo". Yo no estoy muy segura de querer oir lo que dice que me tiene que platicar, jajajaja. Es una sensación rara porque aunque lo único que a estas alturas echo de menos de mi relación fallida con El Artista es a su entrañable familia, creo que ha funcionado re bien la difícil táctica de cortar con todo de tajo... en fin, sólo que no me gustaría dar pasos para atrás en un terreno escabroso. Y mucho menos ahora que me encuentro y sobre todo, me reconozco tan peligrosamente vulnerable.
Volví a la editorial sólo para dejar resueltos un par de pendientes.
Tras reescribir mi notita musical pal mes de mayo, porque el adorable Editor Adjunto, pese a que confía en mi talento —dice— no deja de ser implacable, me disponía a correr a casa para dormir tempranito.
No contaba con que El Editor me sonsacaría (¿o va con "z"?) para cenar y charlar un poco. Y sólo un poco no por falta de ganas (que hacia mucho que no teníamos chance de platicar), sino porque mañana hay que madrugar.
Me voy con el Editor de los Ojos Bonitos (sé que más de una me envidia por esto, jaaaaaaaah) a hacer un recorrido pueblerín en busca de 3 figuras futbolísticas. Ya está todo coordinado. Serán un par de días de carretera que a alguien más podrían parecer pesados, pero que dadas las condiciones de mi estado anímico me vendrán muy bien para distraer la mente y cambiar de aires.
A ver si por ahí se nos pegan unas fresas, unos zapatos y unas corundas ... ah y tambien se nos podrían pegar algunas mariposas monarca en el camino. ¡Qué bonito! Si sí, les traigo fotos.
Volví a la editorial sólo para dejar resueltos un par de pendientes.
Tras reescribir mi notita musical pal mes de mayo, porque el adorable Editor Adjunto, pese a que confía en mi talento —dice— no deja de ser implacable, me disponía a correr a casa para dormir tempranito.
No contaba con que El Editor me sonsacaría (¿o va con "z"?) para cenar y charlar un poco. Y sólo un poco no por falta de ganas (que hacia mucho que no teníamos chance de platicar), sino porque mañana hay que madrugar.
Me voy con el Editor de los Ojos Bonitos (sé que más de una me envidia por esto, jaaaaaaaah) a hacer un recorrido pueblerín en busca de 3 figuras futbolísticas. Ya está todo coordinado. Serán un par de días de carretera que a alguien más podrían parecer pesados, pero que dadas las condiciones de mi estado anímico me vendrán muy bien para distraer la mente y cambiar de aires.
A ver si por ahí se nos pegan unas fresas, unos zapatos y unas corundas ... ah y tambien se nos podrían pegar algunas mariposas monarca en el camino. ¡Qué bonito! Si sí, les traigo fotos.
Monday, March 27, 2006
Hard Night's Day
Eso fue el domingo.
Y la cereza de mi pastel de depresión.
Después de la más desagradable (juro que no estoy exagerando) borrachera que me he puesto jamás, vino lo peor: la cruda moral.
Y luego tocar fondo, sola.
Yo vs Yo.
Restregándome en la linda y recta naricita mi cobardía. Mi incapacidad para manejar el dolor. Mi nula fluidez para decir lo que siento, de verdad, de corazón, sin chistecitos aderezadores que fungen más bien de caretas. Mis estúpidas ganas de demostrar que puedo, que soy fuerte y que me puedo reír mucho, aunque no pueda hablar... hasta que claro... no pude más que llorar y llorar. Y dormir y llorar intermitentemente hasta que se me acabaron las fuerzas.
De cuando en cuando desperté y no pude evitar los malos recuerdos... Me desconocí y me llené de vergüenza.
No me puedo permitir caer más, lo sé. Y como evidentemente no estoy preparada para manejar lo que está pasando y lo que se avecina, decidí obligarme a una terapia.
Me deseo suerte y que esta etapa termine pronto, por favor.
This is not me.
Y la cereza de mi pastel de depresión.
Después de la más desagradable (juro que no estoy exagerando) borrachera que me he puesto jamás, vino lo peor: la cruda moral.
Y luego tocar fondo, sola.
Yo vs Yo.
Restregándome en la linda y recta naricita mi cobardía. Mi incapacidad para manejar el dolor. Mi nula fluidez para decir lo que siento, de verdad, de corazón, sin chistecitos aderezadores que fungen más bien de caretas. Mis estúpidas ganas de demostrar que puedo, que soy fuerte y que me puedo reír mucho, aunque no pueda hablar... hasta que claro... no pude más que llorar y llorar. Y dormir y llorar intermitentemente hasta que se me acabaron las fuerzas.
De cuando en cuando desperté y no pude evitar los malos recuerdos... Me desconocí y me llené de vergüenza.
No me puedo permitir caer más, lo sé. Y como evidentemente no estoy preparada para manejar lo que está pasando y lo que se avecina, decidí obligarme a una terapia.
Me deseo suerte y que esta etapa termine pronto, por favor.
This is not me.
Wednesday, March 22, 2006
Y al final, nada nuevo
El lunes fue día de evasión, la verdad.
Había que entrevistar (quién me manda a ser proactiva) a una Internacionalmente Reconocida Banda Chilanga (que recientemente fue invitada nada menos que al show de Jules Holland en Londres) cuyo label manager afirmaba que ese día y sólo ESE DÍA podían acceder a la entrevista ("porque tienen compromisos, giras, ensayos... tú sabes" - No, yo no sé. Yo tengo una vida normal y no sé de giras y ensayos. Sé, si, que este puente me caía como anillo al dedo para descansar un poco la intensidad del último mesesito... Pero en fin, ese no es el tema).
So, en medio de una ciudad vacía por el fin de semana largo que uno no sabe si agradecer al equinoccio de primavera o al honorable Bomberito Juárez, me dirigí al lugar de encuentro sin más ánimo que el de salir un poco de mi esfera de impotencia y azote.
La Editora Asociada amablemente accedió a llevarme una grabadora prestada, la de El Editor. De paso, dijo, se distraería de su depre acompañándome mientras yo realizaba la entrevista. Así que nos vimos desde antes, charlamos, fuimos por un cassette y nos sentamos cómodamente a esperar que llegaran los músicos. Ella comiendo torta de tamal, yo mirando con nostalgia al hurón de un vecino de banqueta.
Fue muy agradable el reconocer el rostro del primero que llegó a la cita: El Saxofonista, conocido en el bajo mundo musical con el apelativo despectivo que se les da a los árabes en España, aunque claro, a él como es un buen tipo, se le dice con cariño y hasta en diminutivo. Yo lo conocí hace como 8 años, porque durante un breve período de tiempo toco en la banda de ska punk de El Novio Prohibido. No sabía que recientemente se integró a la Internacionalmente Reconocida Banda Chilanga poseedora del mérito suficiente para sacarnos de la cama la religiosa mañana de un lunes de puente. Lo bueno es que al final valió la pena: además del grato encuentro con El Saxofonista, acompañado de rica plática de cinito y remembranzas, estuvo interesante la entrevista, saber de esas giras por Europa y Oriente Medio, de cómo han logrado posicionar sus canciones entre públicos de hablas tan distantes de la hispana, del reconocimiento de músicos como Peter Gabriel (que les grabó su más reciente CD bajo el sello Real World)... Tanto El Vocalista como El Baterista también estaban en muy buena onda y la entrevista fluyó relajada.
Al terminar me dirigí a la editorial a hacer algunas llamadas pendientes, sin éxito, claro. (La única violadora del sagrado puente era yo). En eso estaba cuando llamó la Doctora Ilustre, esa gran amiga que vive en Madrid pero que está pasando una temporada larga en nuestra ciudad, para invitarme a su casa. Aunque al principio yo andaba desganada, dulce Daria Zen me convenció de que tal vez sería bueno: las tres juntas, como en los viejos tiempos, reunirnos a arreglar nuestros nuevos mundos... Pensando también en que no era mala idea que me distrajera y tal, terminé yendo. Es increíble cuán reconfortante puede ser compartir tiempo, dudas, sozobras, alegrías, consejos y abrazos con estas hermanas por elección que me he conseguido.
Y claro, como era de esperarse después de meses de no vernos, la plática se extendió hasta entrada la madrugada. Salí de ahí cerca de las 4, con un frío condenado y una pereza indecible de sólo pensar en el largo trayecto a mi casa.
Llegué y nada nuevo. Como siempre, no había nadie. Así que sin nadie que me ayudara a seguir con la evasión tan exitosa del día, decidí dormir muchas horas para incubar felizmente al bicho que hoy me tiene con algo de fiebre y un dolor de garganta bastante molesto.
Había que entrevistar (quién me manda a ser proactiva) a una Internacionalmente Reconocida Banda Chilanga (que recientemente fue invitada nada menos que al show de Jules Holland en Londres) cuyo label manager afirmaba que ese día y sólo ESE DÍA podían acceder a la entrevista ("porque tienen compromisos, giras, ensayos... tú sabes" - No, yo no sé. Yo tengo una vida normal y no sé de giras y ensayos. Sé, si, que este puente me caía como anillo al dedo para descansar un poco la intensidad del último mesesito... Pero en fin, ese no es el tema).
So, en medio de una ciudad vacía por el fin de semana largo que uno no sabe si agradecer al equinoccio de primavera o al honorable Bomberito Juárez, me dirigí al lugar de encuentro sin más ánimo que el de salir un poco de mi esfera de impotencia y azote.
La Editora Asociada amablemente accedió a llevarme una grabadora prestada, la de El Editor. De paso, dijo, se distraería de su depre acompañándome mientras yo realizaba la entrevista. Así que nos vimos desde antes, charlamos, fuimos por un cassette y nos sentamos cómodamente a esperar que llegaran los músicos. Ella comiendo torta de tamal, yo mirando con nostalgia al hurón de un vecino de banqueta.
Fue muy agradable el reconocer el rostro del primero que llegó a la cita: El Saxofonista, conocido en el bajo mundo musical con el apelativo despectivo que se les da a los árabes en España, aunque claro, a él como es un buen tipo, se le dice con cariño y hasta en diminutivo. Yo lo conocí hace como 8 años, porque durante un breve período de tiempo toco en la banda de ska punk de El Novio Prohibido. No sabía que recientemente se integró a la Internacionalmente Reconocida Banda Chilanga poseedora del mérito suficiente para sacarnos de la cama la religiosa mañana de un lunes de puente. Lo bueno es que al final valió la pena: además del grato encuentro con El Saxofonista, acompañado de rica plática de cinito y remembranzas, estuvo interesante la entrevista, saber de esas giras por Europa y Oriente Medio, de cómo han logrado posicionar sus canciones entre públicos de hablas tan distantes de la hispana, del reconocimiento de músicos como Peter Gabriel (que les grabó su más reciente CD bajo el sello Real World)... Tanto El Vocalista como El Baterista también estaban en muy buena onda y la entrevista fluyó relajada.
Al terminar me dirigí a la editorial a hacer algunas llamadas pendientes, sin éxito, claro. (La única violadora del sagrado puente era yo). En eso estaba cuando llamó la Doctora Ilustre, esa gran amiga que vive en Madrid pero que está pasando una temporada larga en nuestra ciudad, para invitarme a su casa. Aunque al principio yo andaba desganada, dulce Daria Zen me convenció de que tal vez sería bueno: las tres juntas, como en los viejos tiempos, reunirnos a arreglar nuestros nuevos mundos... Pensando también en que no era mala idea que me distrajera y tal, terminé yendo. Es increíble cuán reconfortante puede ser compartir tiempo, dudas, sozobras, alegrías, consejos y abrazos con estas hermanas por elección que me he conseguido.
Y claro, como era de esperarse después de meses de no vernos, la plática se extendió hasta entrada la madrugada. Salí de ahí cerca de las 4, con un frío condenado y una pereza indecible de sólo pensar en el largo trayecto a mi casa.
Llegué y nada nuevo. Como siempre, no había nadie. Así que sin nadie que me ayudara a seguir con la evasión tan exitosa del día, decidí dormir muchas horas para incubar felizmente al bicho que hoy me tiene con algo de fiebre y un dolor de garganta bastante molesto.
Sunday, March 19, 2006
Complicado
Ayer dieron de alta a Mi Mejor Cómplice del hospital.
Estable, cierto. Pero con un diagnóstico nada alentador.
Su insuficiencia renal crónica va a peor y eventualmente será necesario dializarla. Esto puede llevar meses o años. Y la calidad de vida que pueda tener mientras tanto depende en altísimo porcentaje de su voluntad y disposición.
Papá Doctor nos reunió a Bigbro y a mi y nos dijo que serán tiempos difíciles. Que hay que ser equipo y hacer estrategias.
Hoy habrá otra reunión que incluirá seguramente a la Mujer de los Ojos Hermosos y a Supercú (ñado) para acordar voluntades y responsabilidades.
La noche de anoche fue terrible. Mi Mejor Cómplice no puede dominar su angustia, está en permanente y altísimo estrés porque tiene un miedo terrible a que le falte el aire. Tal estado agudiza los riesgos normales de su hipertensión (crónica también).
Hacia la tarde-noche le empezó a dar fiebre, por lo que nos puso en alerta (sobre todo porque el hecho de la reciente salida del hospital, hace existir probalilidades de que haya pescado alguna infección allí). Logramos disminuirla con paracetamol y medios físicos por ahí de la madrugada. No ha vuelto. Si lo hace, habrá que llevarla al hospital de nuevo, según indicaciones de la doctora que la atendió allí.
A pesar de que el psiquiatra le mandó sedantes para dormir, estos no hicieron ayer ningún efecto, por el contrario. Yo la vi más angustiada y nerviosa que nunca, con intermitentes ataques de náuseas. Deprimida, desesperada, irritable, indispuesta.
Come a regañadientes. Me duele y me enoja. Sé, porque me lo dijo Papá Doctor (y por sentido común), que si ella no pone de su parte difícilmente podrá salir de esto. Y ella se debate entre el terror que le da morir y la desgana y frustración que le provocan las condiciones de su cuerpo.
Y yo no sé qué hacer... cómo saber qué quiere para hacerme su cómplice en eso, o cómo convencerla de que se haga la mía en la mísión de echarse pa'lante y dar la batalla. No sé cómo hacer para que no me duela y desespere la impotencia cada que le pido que coma o que se tranquilice un poco y me mira con esos ojos que parecen decir: "no te entiendo y no me entiendes" y que tienen la expresión desolada de un llanto seco que ni siquiera puede ser en plenitud. La otra opción, dejarla morir, me parte en cachitos de sólo pensarla... y me reencabrona siquiera considerarla como opción.
Estable, cierto. Pero con un diagnóstico nada alentador.
Su insuficiencia renal crónica va a peor y eventualmente será necesario dializarla. Esto puede llevar meses o años. Y la calidad de vida que pueda tener mientras tanto depende en altísimo porcentaje de su voluntad y disposición.
Papá Doctor nos reunió a Bigbro y a mi y nos dijo que serán tiempos difíciles. Que hay que ser equipo y hacer estrategias.
Hoy habrá otra reunión que incluirá seguramente a la Mujer de los Ojos Hermosos y a Supercú (ñado) para acordar voluntades y responsabilidades.
La noche de anoche fue terrible. Mi Mejor Cómplice no puede dominar su angustia, está en permanente y altísimo estrés porque tiene un miedo terrible a que le falte el aire. Tal estado agudiza los riesgos normales de su hipertensión (crónica también).
Hacia la tarde-noche le empezó a dar fiebre, por lo que nos puso en alerta (sobre todo porque el hecho de la reciente salida del hospital, hace existir probalilidades de que haya pescado alguna infección allí). Logramos disminuirla con paracetamol y medios físicos por ahí de la madrugada. No ha vuelto. Si lo hace, habrá que llevarla al hospital de nuevo, según indicaciones de la doctora que la atendió allí.
A pesar de que el psiquiatra le mandó sedantes para dormir, estos no hicieron ayer ningún efecto, por el contrario. Yo la vi más angustiada y nerviosa que nunca, con intermitentes ataques de náuseas. Deprimida, desesperada, irritable, indispuesta.
Come a regañadientes. Me duele y me enoja. Sé, porque me lo dijo Papá Doctor (y por sentido común), que si ella no pone de su parte difícilmente podrá salir de esto. Y ella se debate entre el terror que le da morir y la desgana y frustración que le provocan las condiciones de su cuerpo.
Y yo no sé qué hacer... cómo saber qué quiere para hacerme su cómplice en eso, o cómo convencerla de que se haga la mía en la mísión de echarse pa'lante y dar la batalla. No sé cómo hacer para que no me duela y desespere la impotencia cada que le pido que coma o que se tranquilice un poco y me mira con esos ojos que parecen decir: "no te entiendo y no me entiendes" y que tienen la expresión desolada de un llanto seco que ni siquiera puede ser en plenitud. La otra opción, dejarla morir, me parte en cachitos de sólo pensarla... y me reencabrona siquiera considerarla como opción.
Saturday, March 11, 2006
DÍPTICO
SANTIAGO
Santiago, de profesión músico, compuso hoy por la madrugada su mejor canción.
Al terminar su presentación en el barecillo vacío en el que se presenta todos los fines de semana, de jueves a sábado y de once a una, caminó un rato, cargando su guitarra por las calles oscuras antes de llegar a casa.
Al entrar se encontró debajo de su puerta un recado. Acomodó la guitarra en el sillón y tras encender un par de velas se sentó y recargó sus codos en las rodillas para leerlo con atención, casi con veneración como cada noche. Era un ritual reciente.
Hasta hace seis días los recados llegaban de forma espontánea. El domingo pasado, al volver a casa no encontró nada bajo su puerta. Desde el lunes, decidió turnar en el tapete de la entrada, uno a uno, los recados que alguien había venido dejándole desde meses atrás, reciclando con ellos el momento que le permitiera seguir encontrando el mismo mensaje en su puerta cada noche al entrar a casa. Loop.
Bebió un poco de agua. Sólo la necesaria, quedaba poca. Paradójicamente, a pesar de las carencias no podía evitar sentirse pleno, incluso inspirado.
Se sentó y abrazó su guitarra en complicidad para iniciar la composición. Tras los primeros acordes empezó a fluir la melodía completa. La letra vino después, aunque desde el principio la tuvo clara en la mente.
Cuando terminó, cantó su canción de un hilo y quedó más satisfecho que nunca antes. Sin duda era la mejor que hubiera escrito jamás.
La llamó "El último habitante del planeta".
Es una pena que ya no haya nadie para escucharla.
AITANA
Aitana podía ser descrita como una idealista, como una romántica indomable. No sólo creía en el amor por encima de todo, sino hasta en las buenas intenciones.
El segundo jueves del febrero pasado decidió pasar a dejarle un mensaje a Santiago. Sabía que no estaría en casa, seguro habría ido a tocar al barecillo. Pero daba igual, la intención era que lo viera y lo leyera al regresar, así que escribió el recado en un papel blanco que deslizó bajo la puerta.
Al día siguiente volvió a hacer lo mismo. Y al siguiente y al siguiente. Lo hizo diariamente y aunque el mensaje era siempre el mismo, cada día escribía un recado nuevo.
Hasta que un día no pudo hacerlo más.
Si alguien le hubiera preguntado cuál era su última voluntad, ella habría respondido que deseaba que Santiago siguiera recibiendo su mensaje cada noche de las que le quedaban a su vida.
Santiago, de profesión músico, compuso hoy por la madrugada su mejor canción.
Al terminar su presentación en el barecillo vacío en el que se presenta todos los fines de semana, de jueves a sábado y de once a una, caminó un rato, cargando su guitarra por las calles oscuras antes de llegar a casa.
Al entrar se encontró debajo de su puerta un recado. Acomodó la guitarra en el sillón y tras encender un par de velas se sentó y recargó sus codos en las rodillas para leerlo con atención, casi con veneración como cada noche. Era un ritual reciente.
Hasta hace seis días los recados llegaban de forma espontánea. El domingo pasado, al volver a casa no encontró nada bajo su puerta. Desde el lunes, decidió turnar en el tapete de la entrada, uno a uno, los recados que alguien había venido dejándole desde meses atrás, reciclando con ellos el momento que le permitiera seguir encontrando el mismo mensaje en su puerta cada noche al entrar a casa. Loop.
Bebió un poco de agua. Sólo la necesaria, quedaba poca. Paradójicamente, a pesar de las carencias no podía evitar sentirse pleno, incluso inspirado.
Se sentó y abrazó su guitarra en complicidad para iniciar la composición. Tras los primeros acordes empezó a fluir la melodía completa. La letra vino después, aunque desde el principio la tuvo clara en la mente.
Cuando terminó, cantó su canción de un hilo y quedó más satisfecho que nunca antes. Sin duda era la mejor que hubiera escrito jamás.
La llamó "El último habitante del planeta".
Es una pena que ya no haya nadie para escucharla.
AITANA
Aitana podía ser descrita como una idealista, como una romántica indomable. No sólo creía en el amor por encima de todo, sino hasta en las buenas intenciones.
El segundo jueves del febrero pasado decidió pasar a dejarle un mensaje a Santiago. Sabía que no estaría en casa, seguro habría ido a tocar al barecillo. Pero daba igual, la intención era que lo viera y lo leyera al regresar, así que escribió el recado en un papel blanco que deslizó bajo la puerta.
Al día siguiente volvió a hacer lo mismo. Y al siguiente y al siguiente. Lo hizo diariamente y aunque el mensaje era siempre el mismo, cada día escribía un recado nuevo.
Hasta que un día no pudo hacerlo más.
Si alguien le hubiera preguntado cuál era su última voluntad, ella habría respondido que deseaba que Santiago siguiera recibiendo su mensaje cada noche de las que le quedaban a su vida.
Thursday, March 09, 2006
De urgencias y mantras
Yo tengo una idea muy clara de la palabra URGENTE.
Cuando yo era niña, El Doctor (mi padre) usaba un localizador; le llamábamos 'el radio' porque los mensajes eran hablados: una operadora repetía textualmente el cuerpo del mensaje solicitado. El aparatejo, en ese entonces, era de uso casi exclusivo de los médicos, por aquello de las urgencias. Recuerdo que cuando La Rubia Superior quería hablar con él, le mandaba o nos pedía que le mandáramos un mensaje por 'el radio' pidiéndole que se comunicara a la casa (y eso sólo tras haber intentado localizarlo ya en su consultorio, casa del Abuelo y el hospital).
Para nosotros era divertido poder "decirle" lo que fuera a papá, incluso jugarle bromas a sabiendas de que habría gente alrededor suyo que escucharía nuestros
mensajes. Y él siempre lo tomó re bien. Después llegaba y nos contaba entre carcajadas las reacciones o las consecuencias de nuestros chascarrillos.
Sólo había una palabra prohibida en los mensajes: URGENTE. Para él, como médico, era una palabra determinante. Si le decíamos que se comunicara urgentemente a su casa, él entendería que estaba pasando algo realmente grave, que había habido algún accidente. Y claro, se asustaría.
Y cuando alguna vez fue URGENTE que viniera, no habían pasado 15 minutos del envío del mensaje, cuando él estaba llegando a casa rayando llantas y apenas a tiempo de llevar al otro Abuelo al hospital para ser atendido así, de urgencia.
El martes pasado Mi Mejor Cómplice tuvo otra crisis.
La llevamos a URGENCIAS. Venía grave y era URGENTE que la atendieran.
Pasaron 7 (siete) horas antes de que le tomaran una placa para determinar si su estado ameritaba una atención de URGENCIA. 7 (siete) horas de tenerla sentada en una silla de ruedas, hinchada hasta la deformidad, con manchas ostentosísimas que denotaban una intoxicación creciente y un estado adormilado cada vez más cercano a la inconsciencia.
Y seguramente hubieran pasado otras tantas horas si Bigbro no hubiera tenido a bien, en su desesperación, explicarle a gritos a uno de los médicos que aún entre tanta demanda, la URGENCIA es impostergable, más aún cuando es tan evidente. Y no obstante que no se tengan resultados de unos análisis sanguíneos que aún no se han requerido (claro porque no están seguros de si son muy necesarios). NOBODY THINKING THERE??? NOBODY FEELING EITHER???
Me pregunto si los significados de las palabras cambian o se desgastan con el tiempo.
Ella, después de todo, está internada de nuevo. Y en buenas manos, me parece.
Y yo estoy buscando mantras que me tranquilicen.
"Everything Will Be Alright"
(The Killers)
I believe in you and me
I'm coming to find you
If it takes me all night
Wrong until you make it right
And I won't forget you
At least I'll try
And run, and run tonight
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
I wasn't shopping for a doll
To say the least, I thought I've seen them all
But then you took me by surprise
I'm dreaming bout those dreamy eyes
I never knew, I never knew
So take your suitcase, cause I don't mind
And baby doll, I meant it every time
You don't need to compromise
I'm dreaming bout those dreamy eyes
I never knew, I never knew
But it's alright...
alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Cuando yo era niña, El Doctor (mi padre) usaba un localizador; le llamábamos 'el radio' porque los mensajes eran hablados: una operadora repetía textualmente el cuerpo del mensaje solicitado. El aparatejo, en ese entonces, era de uso casi exclusivo de los médicos, por aquello de las urgencias. Recuerdo que cuando La Rubia Superior quería hablar con él, le mandaba o nos pedía que le mandáramos un mensaje por 'el radio' pidiéndole que se comunicara a la casa (y eso sólo tras haber intentado localizarlo ya en su consultorio, casa del Abuelo y el hospital).
Para nosotros era divertido poder "decirle" lo que fuera a papá, incluso jugarle bromas a sabiendas de que habría gente alrededor suyo que escucharía nuestros
mensajes. Y él siempre lo tomó re bien. Después llegaba y nos contaba entre carcajadas las reacciones o las consecuencias de nuestros chascarrillos.
Sólo había una palabra prohibida en los mensajes: URGENTE. Para él, como médico, era una palabra determinante. Si le decíamos que se comunicara urgentemente a su casa, él entendería que estaba pasando algo realmente grave, que había habido algún accidente. Y claro, se asustaría.
Y cuando alguna vez fue URGENTE que viniera, no habían pasado 15 minutos del envío del mensaje, cuando él estaba llegando a casa rayando llantas y apenas a tiempo de llevar al otro Abuelo al hospital para ser atendido así, de urgencia.
El martes pasado Mi Mejor Cómplice tuvo otra crisis.
La llevamos a URGENCIAS. Venía grave y era URGENTE que la atendieran.
Pasaron 7 (siete) horas antes de que le tomaran una placa para determinar si su estado ameritaba una atención de URGENCIA. 7 (siete) horas de tenerla sentada en una silla de ruedas, hinchada hasta la deformidad, con manchas ostentosísimas que denotaban una intoxicación creciente y un estado adormilado cada vez más cercano a la inconsciencia.
Y seguramente hubieran pasado otras tantas horas si Bigbro no hubiera tenido a bien, en su desesperación, explicarle a gritos a uno de los médicos que aún entre tanta demanda, la URGENCIA es impostergable, más aún cuando es tan evidente. Y no obstante que no se tengan resultados de unos análisis sanguíneos que aún no se han requerido (claro porque no están seguros de si son muy necesarios). NOBODY THINKING THERE??? NOBODY FEELING EITHER???
Me pregunto si los significados de las palabras cambian o se desgastan con el tiempo.
Ella, después de todo, está internada de nuevo. Y en buenas manos, me parece.
Y yo estoy buscando mantras que me tranquilicen.
"Everything Will Be Alright"
(The Killers)
I believe in you and me
I'm coming to find you
If it takes me all night
Wrong until you make it right
And I won't forget you
At least I'll try
And run, and run tonight
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
I wasn't shopping for a doll
To say the least, I thought I've seen them all
But then you took me by surprise
I'm dreaming bout those dreamy eyes
I never knew, I never knew
So take your suitcase, cause I don't mind
And baby doll, I meant it every time
You don't need to compromise
I'm dreaming bout those dreamy eyes
I never knew, I never knew
But it's alright...
alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Everything will be alright
Monday, March 06, 2006
Marcela de mis Reclamos
Hace unos días (varios) en necesaria noche de distracción drinkera con mi queridísima Miss Louis Vuitton y su Amigo Buena Onda, el último nos 'terapeó' (creo que se debería escribir terapió, pero no me gusta nada cómo se ve, sorry) de lo lindo. Desde definir nuestras personalidades reales partiendo de la forma como nos mostramos ante los demás, hasta descripciones propias en tercera persona.
Debo confesar que fue harto difícil. Y que como defensa inicial, cuando me dijo: "A ver, imagínate que tú eres Marcela, la mejor amiga de María, la que mejor la conoce... háblame de ella, cuéntame cómo es", me dije (entre dientes, claro): "A ver, Mi Misma, con qué babosada nos va a salir este hombre".
Pues bien, de entrada me costó mucho empezar a referirme a mi en tercera persona y dejar que por mi boca hablara la Marcelilla esa, pero cuando lo logré, la descubrí recurriendo a eufemismos inversos (¿se puede?) para no enumerar claramente mis virtudes.
En vez de decir es bonita, dijo: no es incómoda de ver.
En vez de decir es inteligente, dijo: medio le gira la piedra (¿¿¿medio???)
En vez de decir tiene muy buen sentido del humor, dijo: es cagada.
En vez de decir es sensible y compasiva, dijo: es sensible aunque luego es muy azotada.
En vez de decir es fuerte, dijo: a veces, si se lo propone, aguanta vara (¿¿¿a veces???)
En vez de decir es noble y comprensiva, dijo: pues sí, es básicamente buena onda.
En vez de decir es tolerante, dijo: es como curiosa de todo, entonces pues siempre quiere conocer cosas y personas nuevas, diferentes formas de pensar y de ser.
En vez de decir es buena amiga, dijo: uno no se explica por qué siempre está rodeada de gente tan diferente, como que sus amigos no tendrían nada que ver entre sí. Son todos raros.
En vez de decir es expresiva, dijo: le late hacer cosas como escribir o cantar... no es que lo haga bien, pero le gusta.
En vez de decir es agradecida... Ok, eso sí lo dijo así.
En vez de decir es franca, dijo: suele ser directa aunque a veces demasiado y, como tiene poco tacto, cae en la impertinencia.
En vez de decir es simpática, dijo: generalmente, por alguna extraña razón, le cae bien a la gente. Es que es rara, tiene un humor raro, no todo el mundo lo entiende a la primera. (Se llama sarcasmo, darling y lo pusiste en la lista equivocada.)
Whaaaat???? ¡Pero si lo lógico hubiera sido evadirme al balcón descarado de mis defectos! Garigolearle un poco, disimularlos por lo menos. Bueh... pues en ese apartado, la tal Marcela no tuvo ningún reparo.
Está más gorda que nunca.
Es contradictoria. Muy.
Es críptica.
Es sarcástica e irónica (¿?)
No sabe lo que quiere.
Es insegurísima. Cabrón.
Es obsesiva.
Es implacable.
Es desidiosa.
Es indisciplinada.
Es dispersísima.
Es distraída.
Se aburre muy rápido de cualquier cosa.
Es inconstante.
A veces impertinente.
A veces imprudente.
Fuera de quicio es dramática, impulsiva, grosera e hiriente. Toda una Drama Queen, vamos.
Después de estas (y otras varias que no recuerdo) yo estaba a punto de salir del cajón de la represión para gritarle que de dónde sacaba tal confianza y seguridad al hablar de mi, si yo ni conozco a ninguna Marcela y mucho menos es mi mejor amiga.
Estábamos en pleno tire de greñas interno cuando sobrevino la última pregunta del Amigo Buena Onda: "A ver, Marcela, ya para acabar, dime ¿es una mujer que vale la pena conocer (en el más amplio sentido de la palabra)?"
A tal pregunta ella contestó sin titubear y totalmente convencida:
-Seguro, claro que sí. Es una tipaza.
Si, si. Se reivindicó. Pero no la entiendo.
Habrá que conocer más a la monita esta.
Debo confesar que fue harto difícil. Y que como defensa inicial, cuando me dijo: "A ver, imagínate que tú eres Marcela, la mejor amiga de María, la que mejor la conoce... háblame de ella, cuéntame cómo es", me dije (entre dientes, claro): "A ver, Mi Misma, con qué babosada nos va a salir este hombre".
Pues bien, de entrada me costó mucho empezar a referirme a mi en tercera persona y dejar que por mi boca hablara la Marcelilla esa, pero cuando lo logré, la descubrí recurriendo a eufemismos inversos (¿se puede?) para no enumerar claramente mis virtudes. En vez de decir es bonita, dijo: no es incómoda de ver.
En vez de decir es inteligente, dijo: medio le gira la piedra (¿¿¿medio???)
En vez de decir tiene muy buen sentido del humor, dijo: es cagada.
En vez de decir es sensible y compasiva, dijo: es sensible aunque luego es muy azotada.
En vez de decir es fuerte, dijo: a veces, si se lo propone, aguanta vara (¿¿¿a veces???)
En vez de decir es noble y comprensiva, dijo: pues sí, es básicamente buena onda.
En vez de decir es tolerante, dijo: es como curiosa de todo, entonces pues siempre quiere conocer cosas y personas nuevas, diferentes formas de pensar y de ser.
En vez de decir es buena amiga, dijo: uno no se explica por qué siempre está rodeada de gente tan diferente, como que sus amigos no tendrían nada que ver entre sí. Son todos raros.
En vez de decir es expresiva, dijo: le late hacer cosas como escribir o cantar... no es que lo haga bien, pero le gusta.
En vez de decir es agradecida... Ok, eso sí lo dijo así.
En vez de decir es franca, dijo: suele ser directa aunque a veces demasiado y, como tiene poco tacto, cae en la impertinencia.
En vez de decir es simpática, dijo: generalmente, por alguna extraña razón, le cae bien a la gente. Es que es rara, tiene un humor raro, no todo el mundo lo entiende a la primera. (Se llama sarcasmo, darling y lo pusiste en la lista equivocada.)
Whaaaat???? ¡Pero si lo lógico hubiera sido evadirme al balcón descarado de mis defectos! Garigolearle un poco, disimularlos por lo menos. Bueh... pues en ese apartado, la tal Marcela no tuvo ningún reparo.
Está más gorda que nunca.
Es contradictoria. Muy.
Es críptica.
Es sarcástica e irónica (¿?)
No sabe lo que quiere.
Es insegurísima. Cabrón.
Es obsesiva.
Es implacable.
Es desidiosa.
Es indisciplinada.
Es dispersísima.
Es distraída.
Se aburre muy rápido de cualquier cosa.
Es inconstante.
A veces impertinente.
A veces imprudente.
Fuera de quicio es dramática, impulsiva, grosera e hiriente. Toda una Drama Queen, vamos.
Después de estas (y otras varias que no recuerdo) yo estaba a punto de salir del cajón de la represión para gritarle que de dónde sacaba tal confianza y seguridad al hablar de mi, si yo ni conozco a ninguna Marcela y mucho menos es mi mejor amiga.
Estábamos en pleno tire de greñas interno cuando sobrevino la última pregunta del Amigo Buena Onda: "A ver, Marcela, ya para acabar, dime ¿es una mujer que vale la pena conocer (en el más amplio sentido de la palabra)?"
A tal pregunta ella contestó sin titubear y totalmente convencida:
-Seguro, claro que sí. Es una tipaza.
Si, si. Se reivindicó. Pero no la entiendo.
Habrá que conocer más a la monita esta.
Saturday, March 04, 2006
María Unplugged
En estos días ha habido de todo… y poco tiempo y poca lucidez para entender, asimilar, reaccionar.
Muchos sentimientos encontrados.
Una mañana de reencuentro con las Amigas-Hermanas de toda la vida: La Chica Totalmente Palacio, Mami Gourmet, La Mujer Sonrisa y, por supuesto, Daria Zen, resultó un reconfortante bálsamo cuando recién iniciaba la huelga de tristeza. Reconocernos tan distintas y tan firmemente unidas a pesar de haber tomado caminos tan diferentes, a pesar de las distancias, de los compromisos, de los tiempos que no nos ayudan… y tan solidarias y tan hermanas por elección. Fue bien bonito. Sólo faltó la Doctora Ilustre. Pero acaba de llegar de Madrid a pasar larga temporada en la ciudad. Así que habrá tiempo de ponernos a mano.
Después vino la hospitalización de Mi Mejor Cómplice, en medio de un sustazo. A los dos días la cirugía de alto riesgo de El Doctor (mi padre), todo en medio de gran tensión familiar. Y de gran disposición también. Me sorprendí de qué buen equipo hacemos. Y también del poco control que tengo sobre mi y sobre mis emociones cuando me invade el miedo. La cabeza se me va llevándose por detrás a mi concentración, mi ecuanimidad, mi capacidad de sonreír y mi sueño. Me descubro vulnerable y me siento paralizada, incapaz de tomar pequeñas decisiones (las grandes, por el contrario, me salen de impulso en estas circunstancias).
En la peor de las noches, cuando había dado por perdida mi lucha contra el insomnio, apareció el Novio Prohibido, preguntando (justo esa noche) si estaba bien. Mi primera duda fue si debía responderle; la segunda, si habría que decir la verdad o fingir que estaba todo en orden. Y claro que hubiera podido mentirle, salvo porque me conoce tan bien que habría detectado la mentira al segundo. Ese timing, ese timing… de ciclos, de cierres, de coincidencias contundentes e implacables. Ejemplo: nos dimos cuenta al final de esta plática de sanación, de que ese mismo día (seguramente también a esa misma hora) se cumplían exactamente 10 años de que echamos a andar nuestro cronómetro con un beso. ¡Vaya exactitud y confabulación cósmica para un cierre de círculos! Pero me gusta ese ‘compló’ del universo, eh? Me hace pensar que por fin estamos todos listos para terminar bien y de buenas.
Hoy, tras el riguroso período de observación (y claro, miedo) en la primera etapa de convalecencia de El Doctor, sabemos que lo darán de alta en unas horas. Mi Mejor Cómplice salió del hospital hace un par de días. Deja atrás una neumonía, una anemia crítica, un berrinche renal y una pataleta del corazón. Trae a cuestas una depresión a la que me he propuesto dar batalla. Así que puedo cantar, aunque sea bajito para no molestar, un par de victorias. Con todo y que hubo alguna baja: resulta que en medio de este huracán de sentimientos exaltados y dolores contenidos, La Rubia Superior y yo tuvimos un feo encontronazo y estoy muy arrepentida de haber permitido que sacara lo peor de mi. Plus, se siente pinche ser capaz de sacar lo peor de ella. Aguardo un mejor momento (y la reunion de huevitos, of course) para la conciliación.
Ayer el apapacho, el consejo y el cariño de mi querida Daria evitaron que me encerrara en mi vacío departamento a resistir estoicamente que se me vinieran las paredes encima. En plática de hermanas evaluamos la posibilidad de que esté en un buen momento para iniciar una terapia. No me desagrada la idea, ni me asusta. Crisis=oportunidad. Y ¿qué de malo tiene aceptar que lo necesito?
Sólo que de momento urge más descansar la mente y el cuerpo, pero sobre todo las emociones.
Off.
Muchos sentimientos encontrados.
Una mañana de reencuentro con las Amigas-Hermanas de toda la vida: La Chica Totalmente Palacio, Mami Gourmet, La Mujer Sonrisa y, por supuesto, Daria Zen, resultó un reconfortante bálsamo cuando recién iniciaba la huelga de tristeza. Reconocernos tan distintas y tan firmemente unidas a pesar de haber tomado caminos tan diferentes, a pesar de las distancias, de los compromisos, de los tiempos que no nos ayudan… y tan solidarias y tan hermanas por elección. Fue bien bonito. Sólo faltó la Doctora Ilustre. Pero acaba de llegar de Madrid a pasar larga temporada en la ciudad. Así que habrá tiempo de ponernos a mano.
Después vino la hospitalización de Mi Mejor Cómplice, en medio de un sustazo. A los dos días la cirugía de alto riesgo de El Doctor (mi padre), todo en medio de gran tensión familiar. Y de gran disposición también. Me sorprendí de qué buen equipo hacemos. Y también del poco control que tengo sobre mi y sobre mis emociones cuando me invade el miedo. La cabeza se me va llevándose por detrás a mi concentración, mi ecuanimidad, mi capacidad de sonreír y mi sueño. Me descubro vulnerable y me siento paralizada, incapaz de tomar pequeñas decisiones (las grandes, por el contrario, me salen de impulso en estas circunstancias).
En la peor de las noches, cuando había dado por perdida mi lucha contra el insomnio, apareció el Novio Prohibido, preguntando (justo esa noche) si estaba bien. Mi primera duda fue si debía responderle; la segunda, si habría que decir la verdad o fingir que estaba todo en orden. Y claro que hubiera podido mentirle, salvo porque me conoce tan bien que habría detectado la mentira al segundo. Ese timing, ese timing… de ciclos, de cierres, de coincidencias contundentes e implacables. Ejemplo: nos dimos cuenta al final de esta plática de sanación, de que ese mismo día (seguramente también a esa misma hora) se cumplían exactamente 10 años de que echamos a andar nuestro cronómetro con un beso. ¡Vaya exactitud y confabulación cósmica para un cierre de círculos! Pero me gusta ese ‘compló’ del universo, eh? Me hace pensar que por fin estamos todos listos para terminar bien y de buenas.
Hoy, tras el riguroso período de observación (y claro, miedo) en la primera etapa de convalecencia de El Doctor, sabemos que lo darán de alta en unas horas. Mi Mejor Cómplice salió del hospital hace un par de días. Deja atrás una neumonía, una anemia crítica, un berrinche renal y una pataleta del corazón. Trae a cuestas una depresión a la que me he propuesto dar batalla. Así que puedo cantar, aunque sea bajito para no molestar, un par de victorias. Con todo y que hubo alguna baja: resulta que en medio de este huracán de sentimientos exaltados y dolores contenidos, La Rubia Superior y yo tuvimos un feo encontronazo y estoy muy arrepentida de haber permitido que sacara lo peor de mi. Plus, se siente pinche ser capaz de sacar lo peor de ella. Aguardo un mejor momento (y la reunion de huevitos, of course) para la conciliación.
Ayer el apapacho, el consejo y el cariño de mi querida Daria evitaron que me encerrara en mi vacío departamento a resistir estoicamente que se me vinieran las paredes encima. En plática de hermanas evaluamos la posibilidad de que esté en un buen momento para iniciar una terapia. No me desagrada la idea, ni me asusta. Crisis=oportunidad. Y ¿qué de malo tiene aceptar que lo necesito?
Sólo que de momento urge más descansar la mente y el cuerpo, pero sobre todo las emociones.
Off.
Wednesday, March 01, 2006
:)
Felizmente y con una sonrisotototota (aunque aún no me atreva a cantar victoria) me permito anticipar que tal parece que se avecina el fin de mi huelga de tristeza.
Monday, February 20, 2006
Dolores primarios
Yo tenía tal vez 5 ó 6 años. Era un domingo y El Doctor nos llevó a la feria a mi Bigbro, a La Mujer (entonces niña) de los Ojos Hermosos y a mi. Yo no había podido contener el llanto durante todo el trayecto, el sentimiento y la tristeza oprimían mi garganta sin tregua. De verdad, no era berrinche ni capricho, era que me dolía una ausencia. No la de la Rubia Superior (en esa época mi relación con ella no era cercana por alguna razón que aún no entiendo, peroque tampoco me interesa entender a estas alturas), sino la de Mi Mejor Cómplice, una mujer fuerte y generosa, pero sobre todo buena. Ella se encargaba de despertarme, vestirme, peinarme, convencerme de comer, cuidarme, regañarme, leerme cuentos, bañarme, consentirme, quererme condenadamente y enseñarme cuanto era capaz cada vez que me llevaba con ella de la mano a un parque, al jardín de la casa, a la papelería, a su iglesia, al super o simplemente a sentarme en su regazo mientras me explicaba la vida.
Ella pues, se había ido a la Huasteca Potosina a ver a su familia apenas el día anterior y yo ya no sabía dónde meter todo el dolor que me provocaba el que no estuviera cerca de mi. Lo único que me consolaba por momentos era una cadena con una cruz que me había dejado ella antes de irse. En escena cursilísima me había dicho que por medio de esa crucecilla ella estaría cerca de mí todo el tiempo cuidándome. Y yo, que creía incuestionablemente en todo lo que ella me enseñaba, lo asumí como una verdad absoluta. Así que en los momentos en que más me dolía echarla en falta, tomaba con mi pequeña mano la cruz, me la apretaba fuertemente contra el pecho y me tranquilizaba, pero sólo un poco. Al poco rato volvía el sufrimiento.
Por supuesto, La Rubia Superior se debatía entre unos irremediables pero comprensibles celos y la impotencia de no tener idea de cómo tratarme, mucho menos de cómo consolarme. Desesperada ante mi nulo control del llanto (o tal vez con la cabeza estallándole por lo mismo), se había dado por vencida y había optado por quedarse en casa mientras El Doctor se aventaba el paquete de llevarse a los tres vástagos para distraerlos en la feria.
No sé cuánto tiempo llevábamos ahí, pero recuerdo que El Doctor también empezaba a frustrarse al ver que todos sus intentos por distraerme del llanto eran en vano. Nos subimos a un juego que era como una montaña rusa light. Estuvo bueno. Logró disipar mi tensión y con su velocidad provocó no sólo que el viento secara las lagrimitas de mi rostro, sino que de mi garganta dolorida salieran por lo menos un par de carcajadas. Pero al bajar, mientras caminábamos, por instinto reflejo busqué en mi pecho la cruz de Mi Mejor Cómplice y, oh tragedia: no estaba.
Lloré como nunca lo había hecho. Huelga decir que a esa edad y en ese contexto, lo que menos me importaba era el valor material del fetiche, sólo sentía que había perdido lo único que me quedaba de la persona más importante en mi vida en ese momento. Si ya de por sí me dolía que no estuviera cerca, con el extravío se había roto cualquier esperanza de alivio de aquí a que ella regresara. No sé, era como si se me hubiera acabado el analgésico que me daba treguas. Sin duda, sensaciones demasiado dramaticas para una niña tan pequeña.
No recuerdo cómo terminó el día, ni qué hicieron El Doctor y La Rubia Superior para calmarme. Seguramente terminaron por acostarme y yo lloré en mi cama, chupándome el dedo pulgar derecho hasta quedar dormida. Y seguramente fue este un episodio que los lastimó y desconcertó mucho. Ahora lo entiendo, pero entonces yo sólo acertaba a percibir que estaban molestos. Así que los días que siguieron yo autisteé para sortear mi tristeza. Lo cierto es que apenas comía y en cuanto tenía un ratito a solas, soltaba lágrimas de cuatro en cuatro y a escondidas. Calculo que habrán pasado dos semanas, más o menos, cuando un feliz día ella regresó para no volverse a ir.
Bueno en realidad en 25 años que han pasado desde esta anécdota, claro que se se fue varias veces más, y siempre fue difícil pero nunca volvió a ser tan dramático el asunto. Y siempre hubo regreso.
Creo que ésta es mi primera memoria del dolor no físico (que, por cierto, me provocaba una opresión aguda y dolorosa en la garganta. Algún significado debe tener eso, ¿es así, Daria?)
Hace unos días que fui de visita a la casa de La Rubia Superior y El Doctor la ví. Enferma y vieja. Y dolorida. Y cansada. Pero profesándome el mismo amor incondicional de siempre, la misma complicidad a prueba de fuego, me confesó que llevaba días esperando mi visita para contarme que ya no quiere seguir. Me dejó instrucciones, direcciones y encargos. Me recordó con la mirada enjugada en lágrimas y con la respiración entrecortada que soy Su Niña, que he sido el principal motor de su vida y que aunque no esté, seguirá siempre cerca de mi. Yo lo sé (aun sin crucesita), y me imaginaba que tendría que suceder así eventualmente, pero ahora que veo acercarse el momento, ¡cómo duele carajo! Entre lágrimas platicamos largo, de su vida difícil, de sus ángeles, de mi vida, de mis tropiezos y de cómo y cuánto nos hemos amado y apoyado en este trayecto. Le pedí perdón por las veces que la desobedecí de niña, por mis desplantes de adolescencia, por mi egoísmo y mi cobardía. Por sacarle la vuelta a ser testigo de que su cuerpo le está pasando ya facturas. Por no haber sido capaz hasta este momento de mantenerme fuerte ante su sufrimiento. Le agradecí su amor, su generosidad (de la que me queda mucho por aprender) y sus lecciones de vida (ella me enseñó la importancia y los beneficios de regalar sonrisas, me enseñó a no dañar, a creer, a perdonar, también me enseñó la compasión). Puedo decir sin temor a equivocarme que es la persona más generosa que he conocido. Y la más desinteresada. También la más humilde y digna. Una gran sabia.
Chale, no me alcanzan las palabras para ponerlo en su justa y real dimensión. Lo siento.
Si bien sé que el fin no será inmediato, empecé a aceptar que se acerca ya.
Y hoy, con la práctica o el callo de haber sobrellevado las punzadas de desamores, pérdidas, separaciones y hasta un divorcio, siento de nueva cuenta el dolor de aquel domingo de hace 25 años que en ningún caso había vuelto a experimentar, igual de incontrolable que aquella primera vez. Ese que por irrepetido había olvidado. Uno muy puro, muy primario, muy básico, sin amor propio ni rastros de orgullo magullado. Quizá por lo mismo más difícil de comprender, imposible de pasar por el microscopio del análisis cerebral. Pero lleno de impotencia rabiosa.
-----------------------------------------
Mi pliego petitorio se reduce a solicitar el menor sufrimiento posible para Ella.
Ella pues, se había ido a la Huasteca Potosina a ver a su familia apenas el día anterior y yo ya no sabía dónde meter todo el dolor que me provocaba el que no estuviera cerca de mi. Lo único que me consolaba por momentos era una cadena con una cruz que me había dejado ella antes de irse. En escena cursilísima me había dicho que por medio de esa crucecilla ella estaría cerca de mí todo el tiempo cuidándome. Y yo, que creía incuestionablemente en todo lo que ella me enseñaba, lo asumí como una verdad absoluta. Así que en los momentos en que más me dolía echarla en falta, tomaba con mi pequeña mano la cruz, me la apretaba fuertemente contra el pecho y me tranquilizaba, pero sólo un poco. Al poco rato volvía el sufrimiento.
Por supuesto, La Rubia Superior se debatía entre unos irremediables pero comprensibles celos y la impotencia de no tener idea de cómo tratarme, mucho menos de cómo consolarme. Desesperada ante mi nulo control del llanto (o tal vez con la cabeza estallándole por lo mismo), se había dado por vencida y había optado por quedarse en casa mientras El Doctor se aventaba el paquete de llevarse a los tres vástagos para distraerlos en la feria.
No sé cuánto tiempo llevábamos ahí, pero recuerdo que El Doctor también empezaba a frustrarse al ver que todos sus intentos por distraerme del llanto eran en vano. Nos subimos a un juego que era como una montaña rusa light. Estuvo bueno. Logró disipar mi tensión y con su velocidad provocó no sólo que el viento secara las lagrimitas de mi rostro, sino que de mi garganta dolorida salieran por lo menos un par de carcajadas. Pero al bajar, mientras caminábamos, por instinto reflejo busqué en mi pecho la cruz de Mi Mejor Cómplice y, oh tragedia: no estaba.
Lloré como nunca lo había hecho. Huelga decir que a esa edad y en ese contexto, lo que menos me importaba era el valor material del fetiche, sólo sentía que había perdido lo único que me quedaba de la persona más importante en mi vida en ese momento. Si ya de por sí me dolía que no estuviera cerca, con el extravío se había roto cualquier esperanza de alivio de aquí a que ella regresara. No sé, era como si se me hubiera acabado el analgésico que me daba treguas. Sin duda, sensaciones demasiado dramaticas para una niña tan pequeña.
No recuerdo cómo terminó el día, ni qué hicieron El Doctor y La Rubia Superior para calmarme. Seguramente terminaron por acostarme y yo lloré en mi cama, chupándome el dedo pulgar derecho hasta quedar dormida. Y seguramente fue este un episodio que los lastimó y desconcertó mucho. Ahora lo entiendo, pero entonces yo sólo acertaba a percibir que estaban molestos. Así que los días que siguieron yo autisteé para sortear mi tristeza. Lo cierto es que apenas comía y en cuanto tenía un ratito a solas, soltaba lágrimas de cuatro en cuatro y a escondidas. Calculo que habrán pasado dos semanas, más o menos, cuando un feliz día ella regresó para no volverse a ir.
Bueno en realidad en 25 años que han pasado desde esta anécdota, claro que se se fue varias veces más, y siempre fue difícil pero nunca volvió a ser tan dramático el asunto. Y siempre hubo regreso.
Creo que ésta es mi primera memoria del dolor no físico (que, por cierto, me provocaba una opresión aguda y dolorosa en la garganta. Algún significado debe tener eso, ¿es así, Daria?)
Hace unos días que fui de visita a la casa de La Rubia Superior y El Doctor la ví. Enferma y vieja. Y dolorida. Y cansada. Pero profesándome el mismo amor incondicional de siempre, la misma complicidad a prueba de fuego, me confesó que llevaba días esperando mi visita para contarme que ya no quiere seguir. Me dejó instrucciones, direcciones y encargos. Me recordó con la mirada enjugada en lágrimas y con la respiración entrecortada que soy Su Niña, que he sido el principal motor de su vida y que aunque no esté, seguirá siempre cerca de mi. Yo lo sé (aun sin crucesita), y me imaginaba que tendría que suceder así eventualmente, pero ahora que veo acercarse el momento, ¡cómo duele carajo! Entre lágrimas platicamos largo, de su vida difícil, de sus ángeles, de mi vida, de mis tropiezos y de cómo y cuánto nos hemos amado y apoyado en este trayecto. Le pedí perdón por las veces que la desobedecí de niña, por mis desplantes de adolescencia, por mi egoísmo y mi cobardía. Por sacarle la vuelta a ser testigo de que su cuerpo le está pasando ya facturas. Por no haber sido capaz hasta este momento de mantenerme fuerte ante su sufrimiento. Le agradecí su amor, su generosidad (de la que me queda mucho por aprender) y sus lecciones de vida (ella me enseñó la importancia y los beneficios de regalar sonrisas, me enseñó a no dañar, a creer, a perdonar, también me enseñó la compasión). Puedo decir sin temor a equivocarme que es la persona más generosa que he conocido. Y la más desinteresada. También la más humilde y digna. Una gran sabia.
Chale, no me alcanzan las palabras para ponerlo en su justa y real dimensión. Lo siento.
Si bien sé que el fin no será inmediato, empecé a aceptar que se acerca ya.
Y hoy, con la práctica o el callo de haber sobrellevado las punzadas de desamores, pérdidas, separaciones y hasta un divorcio, siento de nueva cuenta el dolor de aquel domingo de hace 25 años que en ningún caso había vuelto a experimentar, igual de incontrolable que aquella primera vez. Ese que por irrepetido había olvidado. Uno muy puro, muy primario, muy básico, sin amor propio ni rastros de orgullo magullado. Quizá por lo mismo más difícil de comprender, imposible de pasar por el microscopio del análisis cerebral. Pero lleno de impotencia rabiosa.
-----------------------------------------
Mi pliego petitorio se reduce a solicitar el menor sufrimiento posible para Ella.
Friday, February 17, 2006
Monday, February 13, 2006
Oigo voces
Hay sutilezas de la soledad que me están gustando.
Siento miedo de que me gusten demasiado.
Hay bálsamos de la compañía que estoy echando de menos.
Siento miedo de no volver a dar con ellos.
Hay caramelos de confianza que no he vuelto a saborear desde hace mucho tiempo.
Tal vez por eso mi Gollum se ha encargado de hacerme creer que ya están descontinuados (como los sugus).
Y entonces cada que un individuo llega a ofrecerme uno de ese tipo, desconfío por completo. Y tengo la certeza absoluta de que me quiere ver la cara... y de que no me da la gana permitírselo.

Y luego aparece Smeagol diciendo "Yu'v got tu let it japen, yu'v got tu trost... yu'v got tu trai! Dei ar not min men, dei laik yu..."
Peronolecreo.
Siento miedo de que me gusten demasiado.
Hay bálsamos de la compañía que estoy echando de menos.
Siento miedo de no volver a dar con ellos.
Hay caramelos de confianza que no he vuelto a saborear desde hace mucho tiempo.
Tal vez por eso mi Gollum se ha encargado de hacerme creer que ya están descontinuados (como los sugus).
Y entonces cada que un individuo llega a ofrecerme uno de ese tipo, desconfío por completo. Y tengo la certeza absoluta de que me quiere ver la cara... y de que no me da la gana permitírselo.

Y luego aparece Smeagol diciendo "Yu'v got tu let it japen, yu'v got tu trost... yu'v got tu trai! Dei ar not min men, dei laik yu..."
Peronolecreo.
Friday, February 10, 2006
¿Será como el mingitorio?
Ayer fui al concierto #6 de música contemporánea de Lab 33. En Pasagüero. Acompañada de Daria Zen.
Y -llámenme naca o ignorante o limitada- no me gustó.
Al final, en un lugar lleno de gente que guardaba total silencio ante bloques de ruidos disonantes (en su casi absoluta mayoría), que acallaba el más mínimo murmullo para escuchar la obra de arte y que al término aplaudía enjundiosa, no pude evitar la sensación de estar en medio de una tomadura de pelo. Y no me enoja, por el contrario: me divierte; me recuerda la puntada del mingitorio de Deschamps. Será que en mi limitada percepción artística sólo me lo puedo explicar como si alguien estuviera midiendo el límite del borreguismo y el pretencionismo (¿así se dice?) de un grupo selecto de gente que se considera a sí misma conocedora o con una especial capacidad de apreciación musical. Jaaaaah, me imagino a los de Lab 33 (incluido mi querido amigo, el Editor de los Ojos Bonitos, que tuvo a bien invitarme) pitorreándose al final de cada concierto de cómo la gente de perpleja y confundida pasa a sorprendida, azorada y hasta extasiada. Muchos de ellos lo hacen para pertenecer al grupo selecto de conocedores. That’s for sure. Pero no entienden un carajo. Y es que por más que finjan, eso no se puede ocultar.
Sé que su creación parte de algo más complejo, relativo a romper formas y reglas musicales, a una manifestación rebelde del arte musical, lo cual es muy válido, claro, pero a) sólo lo entienden los músicos desde su interpretación de la partidura de madre de las partituras tradicionales, ¿no? ¿o cómo? Y b) si no soy músico y no tengo idea de que hay que transgredir al represor mundo de la tradicional escala con corcheas y bemoles, nomás me suena poco –o nada- armónico (cosa que por menos que una quiera, rompe con la percepción más común de la música).
En fin, que ni creo que todos los que estaban allí ayer sean músicos, ni me trago el cuento de que les encante lo que sonó en el lugar. Creo, sí, que quieran que les guste y por supuesto que se les note que les está gustando. Porque eso los hace diferentes. Yeah, right.
El punto es: no me gusta, no me inspira, no lo entiendo y, aunque lo respeto, me fascina pensar que se pudiera tratar de una tomadura de pelo.
A Daria no le divirtió tanto la idea, pero su parte Zen salió al quite victoriosa.
Y -llámenme naca o ignorante o limitada- no me gustó.
Al final, en un lugar lleno de gente que guardaba total silencio ante bloques de ruidos disonantes (en su casi absoluta mayoría), que acallaba el más mínimo murmullo para escuchar la obra de arte y que al término aplaudía enjundiosa, no pude evitar la sensación de estar en medio de una tomadura de pelo. Y no me enoja, por el contrario: me divierte; me recuerda la puntada del mingitorio de Deschamps. Será que en mi limitada percepción artística sólo me lo puedo explicar como si alguien estuviera midiendo el límite del borreguismo y el pretencionismo (¿así se dice?) de un grupo selecto de gente que se considera a sí misma conocedora o con una especial capacidad de apreciación musical. Jaaaaah, me imagino a los de Lab 33 (incluido mi querido amigo, el Editor de los Ojos Bonitos, que tuvo a bien invitarme) pitorreándose al final de cada concierto de cómo la gente de perpleja y confundida pasa a sorprendida, azorada y hasta extasiada. Muchos de ellos lo hacen para pertenecer al grupo selecto de conocedores. That’s for sure. Pero no entienden un carajo. Y es que por más que finjan, eso no se puede ocultar.
Sé que su creación parte de algo más complejo, relativo a romper formas y reglas musicales, a una manifestación rebelde del arte musical, lo cual es muy válido, claro, pero a) sólo lo entienden los músicos desde su interpretación de la partidura de madre de las partituras tradicionales, ¿no? ¿o cómo? Y b) si no soy músico y no tengo idea de que hay que transgredir al represor mundo de la tradicional escala con corcheas y bemoles, nomás me suena poco –o nada- armónico (cosa que por menos que una quiera, rompe con la percepción más común de la música).
En fin, que ni creo que todos los que estaban allí ayer sean músicos, ni me trago el cuento de que les encante lo que sonó en el lugar. Creo, sí, que quieran que les guste y por supuesto que se les note que les está gustando. Porque eso los hace diferentes. Yeah, right.
El punto es: no me gusta, no me inspira, no lo entiendo y, aunque lo respeto, me fascina pensar que se pudiera tratar de una tomadura de pelo.
A Daria no le divirtió tanto la idea, pero su parte Zen salió al quite victoriosa.
Friday, February 03, 2006
Aprendiendo a escuchar
Después de que todos mis planes vespertinos sufrieron modificaciones por una u otra razón, terminé la noche de anoche en el barecillo condesero de siempre con mi BuddySoCute! Libre y relajado como anda, traía ganas de echar un drink y charlar.
El tema último tuvo que ver con mis curiosidades e inquietudes, con mi inexperiencia y con mi negación a escarmentar en cabeza ajena. Puntos todos que al término del día no quedan a discusión.
Al final y entre líneas de argumentos encontrados, lo único que me parece haber escuchado es este sentimiento que nunca se dijo palabra por palabra: te quiero y quiero que estés bien.
Gracias, de verdad.
El tema último tuvo que ver con mis curiosidades e inquietudes, con mi inexperiencia y con mi negación a escarmentar en cabeza ajena. Puntos todos que al término del día no quedan a discusión.
Al final y entre líneas de argumentos encontrados, lo único que me parece haber escuchado es este sentimiento que nunca se dijo palabra por palabra: te quiero y quiero que estés bien.
Gracias, de verdad.
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