a estas horas debería irme ya a dormir, y sin embargo me ganan las ganas de escribirle.
no sé bien qué... no tengo claro qué exactamente es lo que le quiero decir. sólo sé que empiezo a sentir cada día (por no aceptar con resignación que a cada rato) la necesidad de decirle algo, lo que sea. basta un "hasta mañana".
¿será sólo mi anhelo de cotidianidad? ¿o será que ya se arrancó la cotidianidad misma y yo ni cuenta me di? yo sólo sé que los días que lo veo mis caballitos se convierten en corcelazos desbocados que al día siguiente soportan estoicos —y hasta con torcido humor— el aterrizaje a la realidad incierta. me siento un poco en una montaña rusa... quizá es que perdí la costumbre de la altura y ahora resulta que me dan vahídos.
sea como sea lo estoy disfrutando.
un poco por sorpresa y otro poco porque quiero.
un poco porque me besa y otro poco porque lo muerdo.
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Tuesday, February 17, 2009
Friday, October 03, 2008
Confía, no confía, mucho, poquito, nada.
A propósito de sueños, hay dos en la vida que me han impactado muchísimo. Uno fue cuando acababa de entrar a la universidad, lo recuerdo claramente hasta la fecha y no se los voy a contar hoy. Ja.
El segundo fue la semana pasada, en Cuba, la noche que esperaba soñar con mi abuela y mi familia perdida.
En mi sueño estaba casada aún con El Artista. Felizmente, como siempre lo estuvimos hasta el día que decidimos divorciarnos. (El hecho de que ya casi nadie lea este blog me da la tranquilidad de que es poco probable que aparezca entre los comments la pregunta obligada de ¿por qué te divorciaste si estabas felizmente casada?) El caso es que veíamos la tele apaciblemente (parecía dominguito huevero), cuando yo recordé que tenía que ir a matar al gato. Entonces me levanté argumentando cualquier cosa y bajé en busca del animalejo. Primero agarré valor. Luego, que lo agarro de la cola y que agarro y que le empiezo a dar vueltas como pañuelo en concierto de Juanga, hasta que de tanto y tan fuerte movimiento centrífugo se le rompió la cola. Yo me quedé con un cacho de rabo en la mano y él se quedó con una pared pegada a su cuerpo guango. Después cayó al suelo, muerto, con la boca abierta dejando ver sus finos colmillos y escurriendo sangre.
Sí se ensució todo un poco, la verdad. Pero ya tendría que limpiar después, ahora era necesario subir al mullido nidito de descanso, o El Artista sospecharía. Subí. Terminamos de ver Microcosmos en Animal Planet y, en lo que me disponía a levantarme de la cama para estirarme un poco, mi marido ya estaba abajo y gritaba:
— Chaparraaaaaaa...
Chale, no limpié, se me olvidó y ya vio ahora al gato muerto y todo mi desmadrito, pensé medio agobiada.
— Baja, mira lo que pasó. Se murió el gato —dijo sin asomo de enojo.
Yo bajé y dije "¡Órale!" con un mal logrado tono de sorpresa, al tiempo que abría los ojos bien grandes. Todo estaba peor que como lo había dejado: ahora el cadáver yacía sobre un charco de sangre y sus salpicones rojos en las paredes, ya escurridos, se veían más escandalosos. Pero a él parecía no impresionarle, mucho menos darle motivos para pensar que la del gato no había sido una muerte natural.
Yo actué de lo más impasible. Decidí no levantar suspicacias en esta ocasión excepcional en la que El Artista no parecía dudar de mí. Tal vez fue para atesorarla. Tal vez para probar que sí era posible que él confiara en mí aunque —también por excepción— fuera un error.
El segundo fue la semana pasada, en Cuba, la noche que esperaba soñar con mi abuela y mi familia perdida.
En mi sueño estaba casada aún con El Artista. Felizmente, como siempre lo estuvimos hasta el día que decidimos divorciarnos. (El hecho de que ya casi nadie lea este blog me da la tranquilidad de que es poco probable que aparezca entre los comments la pregunta obligada de ¿por qué te divorciaste si estabas felizmente casada?) El caso es que veíamos la tele apaciblemente (parecía dominguito huevero), cuando yo recordé que tenía que ir a matar al gato. Entonces me levanté argumentando cualquier cosa y bajé en busca del animalejo. Primero agarré valor. Luego, que lo agarro de la cola y que agarro y que le empiezo a dar vueltas como pañuelo en concierto de Juanga, hasta que de tanto y tan fuerte movimiento centrífugo se le rompió la cola. Yo me quedé con un cacho de rabo en la mano y él se quedó con una pared pegada a su cuerpo guango. Después cayó al suelo, muerto, con la boca abierta dejando ver sus finos colmillos y escurriendo sangre.
Sí se ensució todo un poco, la verdad. Pero ya tendría que limpiar después, ahora era necesario subir al mullido nidito de descanso, o El Artista sospecharía. Subí. Terminamos de ver Microcosmos en Animal Planet y, en lo que me disponía a levantarme de la cama para estirarme un poco, mi marido ya estaba abajo y gritaba:
— Chaparraaaaaaa...
Chale, no limpié, se me olvidó y ya vio ahora al gato muerto y todo mi desmadrito, pensé medio agobiada.
— Baja, mira lo que pasó. Se murió el gato —dijo sin asomo de enojo.
Yo bajé y dije "¡Órale!" con un mal logrado tono de sorpresa, al tiempo que abría los ojos bien grandes. Todo estaba peor que como lo había dejado: ahora el cadáver yacía sobre un charco de sangre y sus salpicones rojos en las paredes, ya escurridos, se veían más escandalosos. Pero a él parecía no impresionarle, mucho menos darle motivos para pensar que la del gato no había sido una muerte natural.
Yo actué de lo más impasible. Decidí no levantar suspicacias en esta ocasión excepcional en la que El Artista no parecía dudar de mí. Tal vez fue para atesorarla. Tal vez para probar que sí era posible que él confiara en mí aunque —también por excepción— fuera un error.
Wednesday, July 30, 2008
¿Será melón o será sandía?
no me puedo quejar: de las veces que he tenido que tomar una decisión crucial, siempre ha sido por lo menos entre bueno y bueno.
la otra vez que recuerdo haberme sentido abrumada por la necesidad de escoger entre melón y sandía, melón era un novio al que adoré y me adoró (despite todo lo demás), y sandía era un futuro marido del que me enamoré lo suficiente como para decidir que sería el único hombre que dormiría en mi cama en lo sucesivo e imaginarme que esa condición podía ser perpetua. luego me sonó a cadena y ya no me encantó, pero ese es otro cuento.
hoy la circunstancia es distinta, pero me abruma igual. y aunque aquí la cosa no inmiscuye novios ni amores, implica un cambio significativo, caminos diferentes, destinos totalmente distantes.
y mi mente se va sin remedio a imaginar mis finales en universos paralelos determinados por mis elecciones.
luego —en paralelo, pero en este mismo universo— hay que elegir coche... ¿camioneta o coche? ¿coche o huevito? ¿chic o práctico? ¿capricho o necesidad? ¿rojo o negro? ¿plata u oxford? ¿estándar o automático? ¿italiano o japonés?
...y para rematar, decidir si me aviento a dedicar mis tardes-noches a un solo hombre, si estoy lista o más me vale asumir que soy una egoísta de siete suelas, una curiosa irredenta que aún no sabe dejarse querer y que no va a estar lista hasta que no haya una versión real del amor libre, libérrimo (aunque también puede que sean todas estas unas magnas chaquetas porque mi cabeza —con sentimientos entremezclados— explota en otro lado).
¿usted por cuál vota?
la otra vez que recuerdo haberme sentido abrumada por la necesidad de escoger entre melón y sandía, melón era un novio al que adoré y me adoró (despite todo lo demás), y sandía era un futuro marido del que me enamoré lo suficiente como para decidir que sería el único hombre que dormiría en mi cama en lo sucesivo e imaginarme que esa condición podía ser perpetua. luego me sonó a cadena y ya no me encantó, pero ese es otro cuento.
hoy la circunstancia es distinta, pero me abruma igual. y aunque aquí la cosa no inmiscuye novios ni amores, implica un cambio significativo, caminos diferentes, destinos totalmente distantes.
y mi mente se va sin remedio a imaginar mis finales en universos paralelos determinados por mis elecciones.
luego —en paralelo, pero en este mismo universo— hay que elegir coche... ¿camioneta o coche? ¿coche o huevito? ¿chic o práctico? ¿capricho o necesidad? ¿rojo o negro? ¿plata u oxford? ¿estándar o automático? ¿italiano o japonés?
...y para rematar, decidir si me aviento a dedicar mis tardes-noches a un solo hombre, si estoy lista o más me vale asumir que soy una egoísta de siete suelas, una curiosa irredenta que aún no sabe dejarse querer y que no va a estar lista hasta que no haya una versión real del amor libre, libérrimo (aunque también puede que sean todas estas unas magnas chaquetas porque mi cabeza —con sentimientos entremezclados— explota en otro lado).
¿usted por cuál vota?
Saturday, February 23, 2008
Salud mental
Uno no puede ir por la vida de cool todo el tiempo.
Ni es sano, ni es cierto.
Así que no, no soy cool.
Estoy enojada.
Y triste.
Y habrá quien me llame insensata por darle luto a una ilusión de 21 días. I shouldn't care.
Todo depende de desde dónde se vea. 21 días en realidad quizá no sumen más de 36 horas, unas virtuales, otras diluídas en fibra óptica y las menos, de observación directa de una mirada que apenas recordaré en un mes. Así es esto de la matemática del tiempo relativo cuando una se topa con alguien entrañable. O bien, cuando una necea en darle la cualidad de entrañable a alguien, nomás por el apetito de ilusionarse.
Es sólo que esta vez pensé que podía ser, que traté de quitar las manos, que me dejé convencer de no correr cuando aún era buen tiempo. ¡Con lo bien que me sale, carajo! Y puedo entender el mal timing, y la depresión (vaya si puedo)... Pero ¿de qué se trata involucrarse si no de compartir, y de estar, y de conocer lo malo y lo bueno? ¿Qué no se suponía que si con todo y todo uno decidía quedarse, ahí estaba lo chido? Tampoco es que me arrepienta pero ¿a quién chingados le gusta sentirse decepcionado?
(Y mientras, suena...:
It seems to me that "maybe",
It pretty much always means "no"
So don't tell me you might just let it go.
And often times we're lazy
It seems to stand in my way
Cause no one, no, not no one
Likes to be let down...
*Flake/Jack Johnson)
El Gran Maestro (como le gusta ser llamado al Cabrón de mi Terapeuta, al que quiero y respeto enormemente y al que también le encanta que le reconozca su altísimo grado de cabronería) me había encargado que me tatuara en la teta izquierda que no importa lo que uno dice, siente o piensa, sino lo que hace. Lo había olvidado. Y para ser franca, ahora que recuerdo esa lección, no leo en TS más que contradicción. Ah, la puta depresión. A saber... La verdad es que ni siquiera lo conozco.
(Y ahora, fuck, suena...:
She's got a whole lot of reasons
She can't think of a single one
That can justify leaving
and he got none but he thinks he got so many problems
Man he got, too much time to waste...
*Bubble Toes/Jack Johnson)
Para colmo, como dijeran las abuelitas: hay que ver lo que son las cosas. Con todo y el shuffle a toda pastilla y sus más de 5900 rolitas, mi YoPod insiste en tocar a Jack Johnson con todos estos mensajes de ultratumba emepetresera.
Así que mejor me dispongo a hacer mi propio mourning soundtrack y comparto otra rolita de azote-no-chido pero muysanomuysanomuysano para mi frágil salud mental, a ver si así fluye y sale por fin de mi sistema todo hecho bolas: Hide and Seek/Imogen Heap
PD. Otra vez mentí: sí puedo entender la depresión, pero el mal timing nomás no.
Me caga, me caga, me caga.
Ni es sano, ni es cierto.
Así que no, no soy cool.
Estoy enojada.
Y triste.
Y habrá quien me llame insensata por darle luto a una ilusión de 21 días. I shouldn't care.
Todo depende de desde dónde se vea. 21 días en realidad quizá no sumen más de 36 horas, unas virtuales, otras diluídas en fibra óptica y las menos, de observación directa de una mirada que apenas recordaré en un mes. Así es esto de la matemática del tiempo relativo cuando una se topa con alguien entrañable. O bien, cuando una necea en darle la cualidad de entrañable a alguien, nomás por el apetito de ilusionarse.
Es sólo que esta vez pensé que podía ser, que traté de quitar las manos, que me dejé convencer de no correr cuando aún era buen tiempo. ¡Con lo bien que me sale, carajo! Y puedo entender el mal timing, y la depresión (vaya si puedo)... Pero ¿de qué se trata involucrarse si no de compartir, y de estar, y de conocer lo malo y lo bueno? ¿Qué no se suponía que si con todo y todo uno decidía quedarse, ahí estaba lo chido? Tampoco es que me arrepienta pero ¿a quién chingados le gusta sentirse decepcionado?
(Y mientras, suena...:
It seems to me that "maybe",
It pretty much always means "no"
So don't tell me you might just let it go.
And often times we're lazy
It seems to stand in my way
Cause no one, no, not no one
Likes to be let down...
*Flake/Jack Johnson)
El Gran Maestro (como le gusta ser llamado al Cabrón de mi Terapeuta, al que quiero y respeto enormemente y al que también le encanta que le reconozca su altísimo grado de cabronería) me había encargado que me tatuara en la teta izquierda que no importa lo que uno dice, siente o piensa, sino lo que hace. Lo había olvidado. Y para ser franca, ahora que recuerdo esa lección, no leo en TS más que contradicción. Ah, la puta depresión. A saber... La verdad es que ni siquiera lo conozco.
(Y ahora, fuck, suena...:
She's got a whole lot of reasons
She can't think of a single one
That can justify leaving
and he got none but he thinks he got so many problems
Man he got, too much time to waste...
*Bubble Toes/Jack Johnson)
Para colmo, como dijeran las abuelitas: hay que ver lo que son las cosas. Con todo y el shuffle a toda pastilla y sus más de 5900 rolitas, mi YoPod insiste en tocar a Jack Johnson con todos estos mensajes de ultratumba emepetresera.
Así que mejor me dispongo a hacer mi propio mourning soundtrack y comparto otra rolita de azote-no-chido pero muysanomuysanomuysano para mi frágil salud mental, a ver si así fluye y sale por fin de mi sistema todo hecho bolas: Hide and Seek/Imogen Heap
PD. Otra vez mentí: sí puedo entender la depresión, pero el mal timing nomás no.
Me caga, me caga, me caga.
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