Saturday, March 11, 2006

DÍPTICO

SANTIAGO

Santiago, de profesión músico, compuso hoy por la madrugada su mejor canción.
Al terminar su presentación en el barecillo vacío en el que se presenta todos los fines de semana, de jueves a sábado y de once a una, caminó un rato, cargando su guitarra por las calles oscuras antes de llegar a casa.
Al entrar se encontró debajo de su puerta un recado. Acomodó la guitarra en el sillón y tras encender un par de velas se sentó y recargó sus codos en las rodillas para leerlo con atención, casi con veneración como cada noche. Era un ritual reciente.
Hasta hace seis días los recados llegaban de forma espontánea. El domingo pasado, al volver a casa no encontró nada bajo su puerta. Desde el lunes, decidió turnar en el tapete de la entrada, uno a uno, los recados que alguien había venido dejándole desde meses atrás, reciclando con ellos el momento que le permitiera seguir encontrando el mismo mensaje en su puerta cada noche al entrar a casa. Loop.
Bebió un poco de agua. Sólo la necesaria, quedaba poca. Paradójicamente, a pesar de las carencias no podía evitar sentirse pleno, incluso inspirado.
Se sentó y abrazó su guitarra en complicidad para iniciar la composición. Tras los primeros acordes empezó a fluir la melodía completa. La letra vino después, aunque desde el principio la tuvo clara en la mente.
Cuando terminó, cantó su canción de un hilo y quedó más satisfecho que nunca antes. Sin duda era la mejor que hubiera escrito jamás.
La llamó "El último habitante del planeta".
Es una pena que ya no haya nadie para escucharla.


AITANA

Aitana podía ser descrita como una idealista, como una romántica indomable. No sólo creía en el amor por encima de todo, sino hasta en las buenas intenciones.
El segundo jueves del febrero pasado decidió pasar a dejarle un mensaje a Santiago. Sabía que no estaría en casa, seguro habría ido a tocar al barecillo. Pero daba igual, la intención era que lo viera y lo leyera al regresar, así que escribió el recado en un papel blanco que deslizó bajo la puerta.
Al día siguiente volvió a hacer lo mismo. Y al siguiente y al siguiente. Lo hizo diariamente y aunque el mensaje era siempre el mismo, cada día escribía un recado nuevo.
Hasta que un día no pudo hacerlo más.
Si alguien le hubiera preguntado cuál era su última voluntad, ella habría respondido que deseaba que Santiago siguiera recibiendo su mensaje cada noche de las que le quedaban a su vida.

12 comments:

Indigente Iletrado said...

Me hace pensar en las correspondencias desconocidas que trascienden incluso los sujetos involucradas en éstas. Creo que algunas de las mejores canciones del mundo se hicieron para personas de quienes quizá imaginaron su existencia detrás de la puerta pero nunca tuvieron la certeza de ello. Y fue mejor así.

Daria Zen said...

maría, me ha gustado mucho, mucho, sigue por favor. besos

Negra said...

WOW! Genial! Yo tengo un personaje parecido a Santiago, sólo que se llama Alfonso. Ya leerás sobre él.
Me encantó tu texto.
Por cierto, hay un poema por estos rumbos de un chamaco de secudaria que se llama "A una mujer llamada María", es precioso, lo conseguiré y te lo mandaré.
Besos.

Mister gonX said...

No sé si me gustaría mas ser un Santiago o una Aitana.

Nacho said...

Yo ni siquiera recibí cartas debajo del tapete.

María said...

Indigente iletrado, qué bien que te das la vuelta por aquí. Bienvenido.
Daria: seguiremos. Un abrazo.
Negra: me intriga conocer a Alfonso y el poema del chamaco de secundaria para una mujer llamada como yo. Te mando un abrazo.
Mr Gonx: yo hoy quisiera con toda mi alma ser (o haber sido) una Aitana.
Nacho: ¿miraste bien debajo del tapete? tal vez se quedaron pegadas en él.

Miss Neumann said...

Yo puedo decir que Sí he sido Aitana, ahora me fasinaria ser Santiago...

Santiago said...

wooow...

Vinnie Terranova said...

Muy bueno tu relato.
Tristemente, no he conocido ni Santiagos ni Aitanas.

Buena semana.

Denise said...

¿Qué decía el mensaje?
¿Y ahora qué va a hacer Santiago?
Recordé una obra de teatro que se llama "Rinocerontes", de Ionesco, si la encontrás leela, algo afín tiene con este relato tuyo.
:-)

María said...

Miss Neumann: ya es tiempo, uno tiene que conocer en carne propia las caras de la moneda (todas, no te vayas con la finta de que son sólo dos). Si ahora te viene en gana ser Santiago, prepárate que así será, aunque quizá sea más difícil de lo que imaginas...
Santiago: mira qué coincidencia que vinieras a dar con este post de un ficticio tocayo tuyo. Bienvenido.
Humanware: seguro sí los has conocido, sólo que de pronto se disfrazan de Pablos y Alejandras (o de lo que quieran, pues) No te vayas con la finta del nombre. ;)
Denise: el mensaje, viniendo de Aitana no podía sino ser de amor. Y Santiago ahora... probablemente siga neceando con ir a tocar al bar vacío... por lo demás, esperará, con su guitarra siempre cerca, el momento en el que se muera y deje de ser el último habitante de su planeta.

Luis Ricardo said...

¿No se podría ser un Santiago, con tintes de Ainara y de Patxi?